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Reinas de Belleza: Desmitificando el backstage

Seamos sinceros, cuando, generalmente, escuchamos hablar sobre un reinado de belleza pensamos en mujeres operadas, peleas y envidias entre las concursantes, y una gran cantidad de jueces pasivos que desde sus casas juzgan desde la preparación del evento hasta el aspecto físico de las participantes mientras consumen fritanga con gaseosa light. El mundo de los reinados de belleza siempre se mantendrá un secreto y un gran tabú si no miramos más allá de lo que nos alimenta, y a la fuerza, la sociedad en la que vivimos.

Soy modelo, he sido reina y he sido parte de jurados en diferentes reinados, lo cual creo que me da toda la autoridad del mundo para venir y contarles cómo funciona, realmente, ese entorno tan codiciado por las mujeres colombianas.

Primero que todo, dejemos el cuento de que entre las concursantes se odian. No, eso no es verdad. Que haya niñas que son ariscas y mal encaradas no quiere decir que sean conflictivas. Al contrario, ya que estas jóvenes se ven obligadas a pasar tiempo con sus compañeras (compartiendo cuarto, transporte, eventos y hasta maquilladores), se convierten en amigas que se ayudan en momentos de necesidad. Recordemos lo que ocurrió durante el certamen de Miss Universo 2017 cuando la Señorita Colombia, Andrea Tovar, y la Señorita Tailandia, Chalita Suansane, crearon una amistad que ha perdurado hasta el sol de hoy. No sobra decir que hay algunas muchachas que son la excepción a esta regla pero, afortunadamente, casi nunca la actitud de sobradas las lleva lejos.

Las concursantes entienden que no hay razón por la cual ser cortante o de tratar de dañar alguna pertenencia de las otras, ya que, al final del día, quienes eligen a la ganadora son los jueces y, creanme, que estos lo saben todo. Las personas que participan como jurado, generalmente, tienen infiltrados durante todo el certamen para saber, genuinamente, quién merece ganar la corona. Recordemos a Miriam Habach, Señorita Venezuela, quien también concursó en Miss Universo 2017. Habach y su compañera de cuarto se grabaron burlándose de otra concursante por su peso. El video se hizo viral y aquellas fueron criticadas fuertemente en las redes sociales. En otra ocasión, grabaron a la soberana venezolana pellizcando a otra candidata tratando de sacar a relucir cualquier imperfección que ésta pudiese tener. Misteriosamente, Habach no pasó el primer filtro de las eliminatorias.  

En otra orden de ideas, un estereotipo que se presenta a menudo es que para ser reina tienes que presentar una carencia intelectual. ¿Será esto verdadero? No, ni un poquito. En el Concurso Nacional de Belleza las concursantes deben cumplir con ciertos estándares para poder participar.

Deben prepararse leyendo las noticias a diario (no hay nada peor que te hagan una pregunta de actualidad y quedes fría), leer clásicos de la literatura colombiana y de iberoamérica, y preparación constante para responder adecuadamente en fogueos periodísticos. Aparte de esto, la mayoría de los departamentos que envían concursantes al evento exigen que éstas se encuentren inscritas en una institución educativa reconocida por el gobierno. Dicho en otras palabras, las muchachas deben ser lo suficientemente inteligentes para estar cursando una carrera en una universidad con las acreditaciones del Ministerio de Educación. Hoy en día, se pueden encontrar mujeres que participan como reinas mientras estudian su post grado/ maestría.

Por últimas, hablemos de las roscas. Sí, de esas mismas. Casi todos creen que para ser nombrada reina, sea de un municipio, departamento o país, deben haber nexos políticos (legales o ilegales) de por medio. Yo no voy a descartar la posibilidad que las roscas y los reinas van entrelazadas en varias ocasiones pero sí quiero cambiar la manera en la cual se ve el asunto. Las muchachas deben tener preparación, sea física y/o intelectual, ir dos veces al día a hacerse masajes reductores, ir a clase de pasarela, atender a consultas médicas para mejorar su silueta, cambiar su dieta, ir al salón de belleza, aprender a sonreír y casi vivir en el gimnasio. Sea o no sea por influencias, las participantes deben poner de su parte y prepararse al igual que todas las otras mujeres.

Éstas, en sí, deben ser refinadas y saber que el peso de representar a su gente es mucho más importante que el dolor físico (sí, los masajes reductores, clases de pasarela, cambio de look y el gimnasio,duelen). No les quitemos méritos a las concursantes porque, simplemente, tenemos estereotipos erróneos y mucho menos tratemos de quitarle las aspiraciones de niñas de querer ser reinas. Ser reina de belleza no es un sinónimo de poseer poca inteligente, que éstas sean vacías y/o se conviertan en mujeres que se vendan al mejor postor, sino de mujeres fuertes, determinadas, extremadamente inteligentes que, afortunadamente, fueron adornadas con belleza inigualable.

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