América Latina: Cuando los votos de fe pasan a las urnas

Históricamente, la región ha puesto su voto de confianza en quien represente una constante afinidad entre la política y la religión

América Latina, cuando los votos de fe pasan a las urnas

Desde la época independentista de los países latinoamericanos, la religión, y en especial la cristiana-católica ha tenido un peso importante en la elección de mandatarios y parlamentarios, es un comportamiento que es el común denominador en los países de habla hispana, y a pesar de que muchos Estados se consideran aconfesionales o laicos, la elección por uno u otro candidato tiene hoy en día una directriz religiosa, tanto que, un aspirante presidencial puede llegar a ser Jefe de Estado por medio del voto religioso.

Poco a poco, ha ido decreciendo la idea de hacer política con base en la religión, especialmente en países como México y Bolivia que mantienen las culturas milenarias indígenas, y en Colombia y Chile, donde los practicantes religiosos han bajado su porcentaje. Sin embargo, estando las leyes antes que los versículos en la mayoría de constituciones políticas de las naciones latinoamericanas, la religión cristiano-católica también ha ido perdiendo su poder social y doctrinal en la ciudadanía, y ha llegada la variante cristiano-protestante a ocupar ese lugar. Por eso la importancia que el Papa Francisco ha impuesto a que la Iglesia Católica se encamine al prójimo más no hacia el poder que tiene frente a la población.

Infortunadamente, el cristianismo protestante le lleva ventaja al catolicismo en esto, incluyendo también a las iglesias evangélicas que prácticamente se reúnen en un salón de eventos en los vecindarios, o en la sala de la casa, y predican la palabra de Dios según sus parámetros, mientras que el rito católico exige que el individuo se desplace hacia una iglesia o templo. Esa cercanía para atraer personas es lo que hace que la iglesia evangélica poco a poco tome el espacio que el catolicismo ha olvidado.

Esta manera de acercarse al pueblo, hace que las personas se sientan identificadas con uno y otro pastor, que es el que maneja una iglesia evangélica establecida, y reciban un apoyo espiritual de él, la cuestión está en cuando él quiere un apoyo de los individuos, apoyo que ya no sólo tiene que ver con el diezmo, que de por sí, el cristianismo en general no tiene que aportar, ya que es una tradición judía, sino además en asegurar votos para los comicios electorales cuando el pastor quiera presentarse como candidato a cualquier cargo público.

Con premisas como ‘’Recobrar los principios’’, ‘’Volver a Dios el presidente de la nación’’, o ‘’ la institucionalización de familia tradicional’’, no sólo estos aspirantes religiosos aseguran los votos de sus adeptos, sino que además se ganan el aprecio de la comunidad conservadora de un país, haciéndole contrapeso a la parte liberal de la población y al Estado aconfesional o laico.

El voto evangélico es un agregado el cual puede definir una contienda electoral, tal como pasó en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 en Colombia, en donde la comunidad evangélica fue la que le dio el peso definitivo al ‘’NO’’ para que fuese el victorioso en esas elecciones.

La población escoge a la persona con la que se siente identificada para asumir un cargo público, el problema radica en cuando una sociedad debe estar gobernada por alguien que va a gobernar con base en uno u otro pensamiento que sólo acoge a una parte de la población, más no a toda la ciudadanía. Citando a Jesús de Nazaret ‘’Al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios’’.

 

Latin American Post | David García 

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