Colombia, la reserva de agua que dejará de serlo

Organizaciones agrícolas han advertido que si Colombia sigue con el mal uso del agua, deberá emplear su PIB para importar agua potable

Colombia, la reserva de agua que dejará de serlo

Según el Estudio Nacional del Agua realizado por el IDEAM, Colombia se clasifica como uno de los países con mayor oferta hídrica natural del mundo, cuenta con un rendimiento hídrico promedio que equivale a 6 veces el promedio mundial y a 3 veces el de Latinoamérica; además de reservas de aguas subterráneas que triplican esta oferta y se distribuyen en el 74% del territorio nacional. Sin embargo, el Ministerio de Agricultura afirma que la calidad del agua ha disminuido a tal nivel durante los últimos 15 años, consecuencia de un aumento importante en la población de la capital, así como de los desechos y contaminantes aportados a los cuerpos de agua, que las poblaciones de peces han disminuido en el rio Magdalena, comprometiendo el sustento de familias pesqueras de los alrededores.

Igualmente, la Federación Nacional de Cacaoteros (FEDECACAO) alerta acerca de la expansión descontrolada de la frontera agrícola a nivel nacional, que no solo se está tomando zonas de paramo y alta montaña, importantes fuentes hídricas naturales, sino que por su consumo de agua y niveles de escorrentía, aporta cantidades significativas de nutrientes fosfatados y pesticidas a las aguas que, en partes más bajas de las cuencas hidrográficas, serán captadas para consumo humano u otros riegos agrícolas.

Así como han venido disminuyendo la calidad del agua, y las zonas de nacimiento de escorrentías superficiales, ha venido aumentado la demanda hídrica nacional que alcanzó, según datos reportados en el Sistema de Información Ambiental de Colombia (SIAC), los 35.987,1 millones de m3. El sector que más demanda agua es el agrícola con 16.760,3 millones de m3 (46.6% del total), seguido por el sector energía con 7.738,6 millones de m3 (21,5% del total), el sector pecuario con 3.049,4 (8,5%) y el sector doméstico con 2.963,4 (8,2%). Esto sin contar con el hecho de que las concesiones mineras en zonas claves para la captación de lluvias horizontales como son los páramos, o la desviación de ríos de forma legal o ilegal con la finalidad de emplear la escorrentía superficial en extracciones mineras o riegos, está generando la desaparición de afluentes que con el tiempo, ocasionarán la disminución o desaparición de los principales ríos.

Suena poco alarmante, Colombia cuenta con agua suficiente para no sufrir inmediatamente de las consecuencias de entregar el agua en pro de convertirse en un país minero o industrial. El país está acostumbrado a no saber de dónde viene el agua, en casi todo el territorio se abre una llave y allí esta, pero las autoridades ambientales, así como las últimas administraciones, se han dedicado a buscar salidas económicas incursionando en sectores en los que si bien no se tiene un futuro claro o duradero como la minería y el petróleo, si comprometen la estructura ambiental que soporta el recurso, como paramos, ríos superficiales, acuíferos, entre otros.

Los usos del agua no corresponden a las necesidades del territorio, muestra de ello es que, tan solo en agua subterránea, se otorga el 73,2% de la totalidad de concesiones a los sectores de industria y agricultura, quienes generan en conjunto, según el DANE, tan solo el 29% de empleos nacionales. Adicional a que son los sectores que, junto con la ganadería, generan los mayores aportes químicos y biológicos a las fuentes superficiales, inhabilitando su uso o incrementando los costos de tratamiento de aguas, de los cuales no se hacen cargo.

 “El país deberá empezar a frenar su frontera agrícola y minera, pues de lo contrario Colombia estaría poniendo en riesgo su recurso natural más preciado que es la biodiversidad y su riqueza hídrica, elementos que son más importantes que la producción de petróleo y oro” así lo aseguró Carlos Gustavo Cano Sanz, codirector del Banco de la República, al referirse a la crisis que podría desatarse en el país. Si Colombia sigue como va, no tardara en convertirse en un país rodeado de agua que no se puede usar, mucho menos beber, y que deberá emplear su PIB para importar agua potable.

 

 

Latin American Post | Maria Isabel Cusgüen Gomez

Copy edited by Carlos Eduardo Gómez Avella

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