¿Cómo se ha enfrentado el declive en la población mundial de abejas?

Alrededor del mundo, las reacciones a la crisis de los polinizadores se dan a distintos niveles y con distinta contundencia

¿Cómo se ha enfrentado el declive en la población mundial de abejas?

Como indica la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO en inglés), de las 100 especies de cultivos que proveen el 90% de nuestra comida, 71% son polinizadas por abejas. Sin embargo, estos insectos están desapareciendo, con una pérdida de aproximadamente el 30% de su población cada año. Según Green Peace, entre 2006 y 2010 Estados Unidos perdió 30% a 40% de sus colonias de abejas melíferas. Entre 1985 y 2010, Europa central perdió 25% de ellas, y el Reino Unido 54%. Otras fuentes con participación científica, gremial y gubernamental reportan que Estados Unidos perdió 42,1% de sus abejas entre abril de 2014 y abril de 2015, y que la población de abejas de Europa tuvo en 2016 una caída de 37%. A la vez, el colectivo Abejas Vivas señala que de 2015 a 2017 colapsaron 34% de las colmenas existentes en Colombia.

Las causas de esto, aunque en algunos casos son difíciles de precisar, se remiten en términos generales al uso indiscriminado de pesticidas, al cambio climático, a la destrucción de hábitats naturales y al deterioro inmunológico de las abejas por la reducción de la diversidad de plantas florales.

Latinoamérica

Las reacciones latinoamericanas a la crisis aún son incipientes. La región no cuenta con experiencias de apicultura urbana generalizada, aunque sí con diversos grupos de presión ciudadana, que sensibilizan sobre el problema y promueven acciones como la detección y traslado de panales en situaciones de conflicto con la comunidad (caso de México DF). Además, cabe subrayar que en Brasil la legislación obliga a los agricultores a dejar parte de sus tierras como reserva forestal, entornos que la FAO ha aprovechado brindando apoyo para estimular la permanencia de polinizadores y aumentar al tiempo el rendimiento de los cultivos existentes.

Entre agosto y octubre de 2017 tuvieron lugar avances políticos locales. Ante el Congreso del estado mexicano de Sinaloa y ante la Cámara de Representantes de Colombia se presentaron proyectos de ley para la protección y el fomento apícola, que buscan limitar el uso de plaguicidas y regular cuestiones como la deforestación y el manejo de colonias urbanas. A su vez, los apicultores de Chile se movilizaron contra la norma que desde hace medio siglo regula su labor, pidiendo políticas más estrictas para proteger a las abejas de agentes agroquímicos.

Las decisiones a tomar en estos temas serán claves para la sostenibilidad y la productividad de la región a corto plazo, por lo que se precisa considerar cuidadosamente la evidencia científica disponible, las demandas de las organizaciones sociales, y los aciertos y dificultades de Europa y Estados Unidos. Claro está que no sólo cuenta para el efecto el carácter restrictivo de las leyes en consideración del bienestar de las abejas, sino también la disposición de los ciudadanos y los gobiernos a tomar medidas prácticas para acoger a los polinizadores en sitios estratégicos.

Europa y Estados Unidos

Atendiendo al problema, la Comisión Europea restringió en 2013 el uso de tres plaguicidas neonicotinoides: clotianidina, tiametoxam e imidacloprid. Así mismo, 80 organizaciones del continente, entre ecologistas, gremiales y científicas, se unieron en diciembre de 2017 para crear la ‘Coalición Salvar a las Abejas’. Exigen ampliar la restricción establecida prohibiendo completamente el uso de neonicotinoides al aire libre, dado su alto riesgo para las abejas y otras especies, según constata la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Francia y España han desarrollado iniciativas para instalar bandas con flores silvestres en bordes de carreteras y límites entre parcelas, donde la biodiversidad es reducida. Con ello se proveen hábitats adecuados para abejas e insectos controladores de plagas. Adicionalmente, ciudades como París, Londres, Madrid y Oslo se han convertido en sede de numerosas colonias, dispuestas por residentes y autoridades en parques, terrazas, balcones y jardines, incluyendo reconocidos restaurantes y hoteles. Algunas de estas ciudades han regulado ya la implementación de panales. Sus entornos permiten a las abejas vivir sin plaguicidas y con flora variada, lo que estimula la salud de los polinizadores e incrementa su productividad. Las colmenas suministran a su turno miel de gran calidad, y sirven de indicador para el monitoreo de la polución.

Estados Unidos, por su parte, no ha establecido restricciones del tenor de las gestadas en Europa, pese a la presión ciudadana. El expresidente Obama creó en 2014 una comisión para atender la mortandad de abejas en el país y estudiar el impacto de los agroquímicos. Desde entonces se han dictaminado normas para limitar en alguna medida la exposición de las abejas a pesticidas y para el mantenimiento de prácticas de manejo adecuadas. Ciudades como Nueva York, San Francisco y Chicago son entre tanto escenario de sobresalientes experiencias de apicultura urbana y de activas asociaciones apícolas.

 

Latin American Post | Ricardo Augusto Barón

Copy edited by Laura Rocha Rueda

 

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