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Roald Dahl y revisionismo literario: ¿censura de libros en pleno siglo XXI?

El reciente debate por la reedición a algunos de los clásicos de Roald Dahl pone sobre la mesa la discusión de la censura de libros aplicada en la era del progresismo y de la guerra cultural

Libros de Roald Dahl

Foto: Roald Dahl

LatinAmerican Post | July Vanesa López Romero

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Read in english: Roald Dahl and Literary Revisionism: Censorship of Boks in the 21st Century?

A finales de febrero, el diario británico The Telegraph publicó un extenso reportaje sobre la reedición de algunos de los clásicos de Roald Dahl por parte de Puffin Books, la división del sello infantil de la editorial Penguin Random House. El reportaje se encargó de recoger y señalar cientos de cambios que se hicieron en la obra del aclamado autor británico, comparando las ediciones de 2001 y 2022.

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Los cambios se hicieron sobre palabras y apartados que hoy en día podrían tener significados negativos. De otra forma, la reedición tiene como fin la corrección política. Así, descripciones de personajes como el de Augusto Glob, de “Charlie y la fábrica de chocolates” ya no están compuestas por palabras como “gordo”, sino “enorme". O, por ejemplo, en un fragmento de la edición más reciente de “Las brujas” se hace mención a que las mujeres pueden trabajar como científicas o directoras de empresas, mientras que en ediciones anteriores se refieren a que pueden ser cajeras en un supermercado o que pueden escribir cartas de amor para hombres.

Este hecho generó una discusión alrededor de los límites de las reediciones de productos artísticos antiguos, como lo son estos, y también abrió debate respecto a la censura en pleno siglo XXI.

¿Caben las obras artísticas antiguas en la actualidad?

Lo problemático de la reedición de los clásicos de Roald Dahl reside en que parece caer en la corrección política por mera corrección política. Si bien estamos en una época en la que como sociedad somos más conscientes de la importancia de crear y tener acceso a productos artísticos que cuiden el lenguaje y que entiendan las violencias generadas por las discriminaciones, puede llegar a ser absurdo hacer cambios en obras antiguas por el hecho de cumplir con una agenda política y cultural.

Es evidente que en la época en la que fue escrita la obra de Dahl el uso de este tipo de lenguaje no era problemático. ¿Pero, acaso el valor de una obra no reside también en el contexto en el que se origina? Son millones las obras literarias, cinematográficas, plásticas y musicales que fueron creadas en una época en la que la corrección política no era ni siquiera un concepto.

Esto no quiere decir que no puedan ser criticadas a la luz de dinámicas contemporáneas que problematicen aquello que hoy en día no es aceptable. Es más, la comparación es precisamente una de las puertas que ha permitido poner sobre la mesa las discusiones que nos han llevado a exigir a los artistas actuales crear desde un lugar más consciente.

Estas modificaciones no pueden considerarse censura en su sentido más estricto porque, a pesar de que son cuestionables, son simples y mantienen la temática principal y la escritura general de la obra prácticamente intacta.

La censura en el siglo XXI sí existe

A pesar de que la censura sea algo que se asocia con las dictaduras del siglo XX, hoy en día sigue existiendo esta forma de coerción contra la libertad de expresión. Según un reciente informe de la American Library Association (ALA), en 2022 fueron recibidas 1.296 solicitudes de censura para libros con temáticas o personajes principales LGBT o de color. Este hecho se presenta en medio de la guerra cultural por la que pasa Estados Unidos, en la que conservadores y progresistas combaten en distintos campos de batalla.

Estas denuncias y solicitudes no solo están sujetas a las obras como tal, sino también a educadores, bibliotecas, funcionarios y planes educativos en los que se incluyen los libros que se busca censurar. La condena hacia los títulos ha sido tanta que incluso los trabajadores de las bibliotecas han recibido amenazas por parte de grupos de derecha por el simple hecho de entregar estos títulos a niños o padres de familia. Incluso se reportaron amenazas de bombas en una biblioteca en Nueva York.

Este hecho demuestra cómo el ala derecha del país está enfocando todas sus fuerzas en demostrar su racismo y discriminación contra personas de diversidad sexual. La censura que se está ejerciendo pone en riesgo no solo la libertad de expresión, sino también el fácil acceso a la información.

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