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¿Qué tienen que ver la seguridad y el cambio climático?

El empeoramiento de los conflictos y la creación de nuevas tensiones son consecuencias inminentes del cambio climático. Por ello, se ha empezado a abordar como una cuestión de seguridad también.

Muestra del cambio climático con un árbol frondoso y otro sin hojas

Foto: Freepik

LatinAmerican Post | María Fernanda Ramírez Ramos

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Read in english: What Do Security And Climate Change Have To Do With Each Other?

El cambio climático desafía a las instituciones y a los gobiernos, generando impacto en lo económico, político y social. Si no se gestiona de forma adecuada, impactará en las sociedades creando nuevos conflictos y agravando los actuales.  La crisis no solamente será ambiental o una amenaza para la biodiversidad, la seguridad y calidad de vida de millones de personas está en riesgo. 

Luchas por el territorio y los recursos naturales, desplazamientos de personas, generación de nuevas enfermedades y empeoramiento del estado de salud de la población son algunas de las consecuencias que se pronostican en un futuro próximo o que incluso ya se están presentando en muchas zonas. 

Una publicación de la Organización Meteorológica Mundial, que detalla el estado del clima durante el 2021, indica que entre 2015 y 2021 se registraron los años más cálidos. Al respecto, con temperaturas superiores a los 50 grados centígrados, se hará imposible vivir, por lo cual muchas zonas de la tierra quedarán inhabitadas. 

Esto sumado a las fuertes sequías, la crisis de seguridad alimentaria y los desastres naturales motivados por el daño a los ecosistemas, hará que exista una competencia mucho más fuerte por los territorios y recursos. Lo más paradójico es que la mayoría de los territorios que se pronostica que sufrirán de peor forma las consecuencias del cambio climático, ya son zonas con una alta vulnerabilidad económica, política y social.

De hecho, las Naciones Unidas comenzó su abordaje del cambio climático con una perspectiva de seguridad en 2008 cuando envió a Jan Egeland, Enviado Especial de la ONU para el Cambio Climático, a hacer una evaluación en la región del Sahel. Su conclusión fue que la población era demasiado vulnerable y las condiciones climáticas extremas. No hay duda en que el cambio climático impactaría en los medios de vida, los conflictos y la migración. El director de la ONU Medio Ambiente se dirigió al Consejo de Seguridad en 2011 para explicar que las implicaciones del cambio climático pueden ser motor de conflictos y un peligro para los procesos de consolidación de paz en muchas regiones.

Por estas razones, no es de extrañarse que organizaciones como la OTAN están integrando a su estrategia de seguridad cuestiones relacionadas con el cambio climático.  De hecho, en un comunicado expresan que: “Podría decirse que el cambio climático es el primer desafío de seguridad verdaderamente global ya que, según los informes de la ONU, solo 11 de los 193 estados miembros actuales de la ONU no experimentan actualmente su impacto de una forma u otra”. Asimismo, señala cómo las fuerzas armadas y de seguridad cada vez tendrán que responder más en la ayuda tras los desastres naturales. Asimismo, tendrán que poner recursos para las medidas de mitigación y adaptación. 

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¿Qué pasa en Latinoamérica?

“El impacto del cambio climático en América Latina y el Caribe será considerable debido a su dependencia económica de la agricultura, la escasa capacidad de adaptación de su población y la ubicación geográfica de algunos de sus países”, señala una investigación de la La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL y la Asociación Latinoamericana de Integración ALADI. 

Por otra parte, la organización Climate Diplomacy señala que “Desde el derretimiento de los glaciares de los Andes hasta las inundaciones cada vez más imprevisibles en la cuenca del Amazonas, desde la intensificación de las sequías en el cerrado brasileño (sabana tropical) hasta la creciente inseguridad alimentaria en Centroamérica, desde los fenómenos meteorológicos extremos en el Caribe hasta los cambios en los patrones de lluvia en la Patagonia, toda la región se enfrenta a una serie de desafíos emergentes”.

En este sentido, estas situaciones medioambientales incrementarán la desigualdad en la región, que ya es la de mayor desigualdad y brechas sociales. Asimismo, desafiarán a la estabilidad política y la gobernabilidad. En este sentido, una publicación titulada “Clima y Seguridad en Latinoamérica y el Caribe”, del Igarapé Institute y el nstituto Clima e Sociedade (iCS), señala que “Una evaluación crítica de las posibles consecuencias de las acciones relacionadas con el cambio climático debería tener en cuenta cuestiones no relacionadas con el clima porque, al fin y al cabo, los resultados sociales de las acciones climáticas no se producen en el vacío”. 

Al respecto, los estados e instituciones están llamados a crear redes y estrategias de integración que les permitan abordar las problemáticas derivadas del cambio climático y la seguridad de forma conjunta. Asimismo, a la par es necesario trabajar con las comunidades en el desarrollo de capacidades que las hagan resilientes y les permitan mitigar y adaptarse a los daños ambientales. No obstante, es algo urgente, que no da espera y debe abordarse de forma integral. Los conocimientos de las comunidades ancestrales y el empoderamiento de los grupos sociales deben fomentarse para aportar soluciones. 

El empeoramiento de los conflictos y la creación de nuevas tensiones son consecuencias inminentes del cambio climático. Por ello, se ha empezado a abordar como una cuestión de seguridad también.

El cambio climático desafía a las instituciones y a los gobiernos, generando impacto en lo económico, político y social. Si no se gestiona de forma adecuada, impactará en las sociedades creando nuevos conflictos y agravando los actuales.  La crisis no solamente será ambiental o una amenaza para la biodiversidad, la seguridad y calidad de vida de millones de personas está en riesgo. 

Luchas por el territorio y los recursos naturales, desplazamientos de personas, generación de nuevas enfermedades y empeoramiento del estado de salud de la población son algunas de las consecuencias que se pronostican en un futuro próximo o que incluso ya se están presentando en muchas zonas. 

Una publicación de la Organización Meteorológica Mundial, que detalla el estado del clima durante el 2021, indica que entre 2015 y 2021 se registraron los años más cálidos. Al respecto, con temperaturas superiores a los 50 grados centígrados, se hará imposible vivir, por lo cual muchas zonas de la tierra quedarán inhabitadas. 

Esto sumado a las fuertes sequías, la crisis de seguridad alimentaria y los desastres naturales motivados por el daño a los ecosistemas, hará que exista una competencia mucho más fuerte por los territorios y recursos. Lo más paradójico es que la mayoría de los territorios que se pronostica que sufrirán de peor forma las consecuencias del cambio climático, ya son zonas con una alta vulnerabilidad económica, política y social.

De hecho, las Naciones Unidas comenzó su abordaje del cambio climático con una perspectiva de seguridad en 2008 cuando envió a Jan Egeland, Enviado Especial de la ONU para el Cambio Climático, a hacer una evaluación en la región del Sahel. Su conclusión fue que la población era demasiado vulnerable y las condiciones climáticas extremas. No hay duda en que el cambio climático impactaría en los medios de vida, los conflictos y la migración. El director de la ONU Medio Ambiente se dirigió al Consejo de Seguridad en 2011 para explicar que las implicaciones del cambio climático pueden ser motor de conflictos y un peligro para los procesos de consolidación de paz en muchas regiones.

Por estas razones, no es de extrañarse que organizaciones como la OTAN están integrando a su estrategia de seguridad cuestiones relacionadas con el cambio climático.  De hecho, en un comunicado expresan que: “Podría decirse que el cambio climático es el primer desafío de seguridad verdaderamente global ya que, según los informes de la ONU, solo 11 de los 193 estados miembros actuales de la ONU no experimentan actualmente su impacto de una forma u otra”. Asimismo, señala cómo las fuerzas armadas y de seguridad cada vez tendrán que responder más en la ayuda tras los desastres naturales. Asimismo, tendrán que poner recursos para las medidas de mitigación y adaptación. 

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