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Entrevista: ¿Hay una relación entre enfermedad mental y ataques armados?

Los recientes tiroteos en Estados Unidos han abierto, de nuevo, el debate frente al uso de armas y la regulación en la venta de la mismas. No obstante, también se ha hablado del papel de las enfermedades mentales en estos actos violentos.

Arma con municiones sobre una superficie

Foto: Unsplash

LatinAmerican Post | María Fernanda Ramírez Ramos

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De hecho, el gobernador de Texas, Greg Abbott, afirmó, tras el tiroteo en Uvalde, que estos hechos respondían a un problema de salud mental. Esta aproximación ha recibido diversas críticas de expertos, pues se evita hablar de una regulación en la venta de las armas y se traslada la responsabilidad a un problema de salud mental. Asimismo, varias investigaciones señalan que no hay una relación tan estrecha entre criminalidad y enfermedad mental. Al respecto, una investigación, publicada por el Harvard Review of Psychiatry, señala que este enfoque se queda corto y es necesario “Ir más allá de los perfiles simplistas de tiradores en masa y las formulaciones de "diagnostico al tirador" impulsadas por los medios”. 

Al respecto, entrevistamos a Fermín Pérez Pérez, psicólogo clínico, miembro de la comisión de Ética y Deontología del Colegio Oficial de Psicología en Andalucía y quien fue director del Hospital Psiquiátrico de Cádiz por más de una década.

LatinAmerican Post: ¿Desde su experiencia en psicología clínica y en la dirección de instituciones psiquiátricas, ¿Cuál es la relación entre criminalidad y enfermedad mental? ¿Necesariamente hay una relación causal?

Fermín Pérez: No, en principio. Evidentemente no es conveniente hablar de criminalidad versus enfermedad mental porque los estudios indican que hay una relación de alrededor del 1% de los crímenes que son cometidos por enfermos mentales. Es decir, que son los cuerdos los que matan; los criminales no son los enfermos mentales.

El enfermo mental dirige más bien la agresividad hacia sí mismo, hacia su conflicto interior. Cuando ocurren unos hechos criminales pueden ser producto de delirios y alucinaciones. Si piensas que te sientes perseguido o que hay una confabulación contra ti, ese estado paranoide puede dar lugar a una respuesta de defensa. Pero insisto, no es similar criminalidad y enfermedad mental.

L.P: Tras varios de los ataques de los últimos años con armas de fuego, se ha hecho un perfil de quien dispara como una persona con algún trastorno, historial de bullying o abuso, o inestabilidad emocional ¿Es posible determinar qué persona podría potencialmente usar un arma con una intervención temprana en salud mental? 

F.P: Sí, efectivamente lo que dices son rasgos que pueden estar en el perfil de un agresor. Pero, por sí misma la impulsividad o la inestabilidad emocional no suponen una enfermedad mental. Tendríamos que hablar más bien de rasgos y de trastornos de personalidad. 

El trastorno límite de personalidad es un trastorno del comportamiento con un patrón fijo de pensamiento que no coincide con la realidad social. Buscando un perfil, el que más lo cumpliría sería este. Pero como digo, no es una enfermedad mental, es un trastorno del comportamiento. En él figuran como características la inestabilidad emocional, los problemas en las relaciones interpersonales, el ataque de ira injustificada o inapropiada o una serie de actividades peligrosas al menos en dos áreas como el sexo, la droga y las adicciones en general. 

Personalmente se tiene un sentimiento real o no, imaginario, de abandono. Están siempre a la búsqueda de no perder ese sentimiento de compañía. Pero lo expresan de una forma impulsiva. Se le suman problemas de identidad, problemas de autoimagen, agresividad, inestabilidad de los afectos y la comentada ira inapropiada. 

Con todo eso que te digo, ya hay un importante trastorno límite de la personalidad. Y pudiera ser que coincida con un perfil de agresor de estos hechos que han ocurrido. No obstante, por sí mismos ninguno de ellos, como sufrir bullying, te determina con el perfil de agresor.

L:P: Teniendo en cuenta estas respuestas, efectivamente un agresor podría  tener ciertos rasgos de comportamiento, pero no necesariamente todas las personas que tienen un trastorno o enfermedad mental van a ser criminales. En relación a lo anterior, ¿Cuál debería ser entonces el enfoque y el papel de una política de la salud mental dentro de una sociedad para evitar la violencia?

Una política de salud mental con respecto a estos problemas tiene que ser fundamentalmente de prevención. El abordaje, aparte de individual y grupal, es muy importante hacerlo desde la psicoeducación familiar. Es decir, esto que te he comentado de los signos y demás, hay que explicárselos a las familias que tienen que entenderlo y ver cómo se puede uno situar frente a esas demandas o esas reacciones de ira o impulsividad.

En salud, en general, la prevención es quizá lo último que se hace, pero debería ser lo primero, es lo más necesario. Si identificamos de forma temprana los signos, podemos abordarlos desde el principio con un abordaje psicosocial y fundamentalmente familiar. 

Cuando ocurren estos hechos, el momento de ataque o de disparo, nadie se lo explica, ni siquiera la familia, que dice que era impredecible. Pero bueno, ahondando en estos datos que hemos descrito en estos síntomas, podríamos llegar a una prevención. No exactamente a tener un perfil del atacante de un colegio y cómo accionará, pero sí podríamos apuntar a la detección de un posible problema grave.

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L.P: Cree usted que generalizar a los criminales como enfermos podría generar una estigmatización hacia las enfermedades mentales

Sí, efectivamente. El estigma ya está en el enfermo mental. El loco tiene su estigma su rechazo, su barrera, su falta de relación con los demás. Entonces, si encima le ponemos un apelativo de criminal ¿Qué estamos haciendo? Al loco lo convertimos en un criminal y a los criminales, para que se salven de la pena, de la pena que quiero decir judicial, se les considera locos.  Porque como se sabe, algunos abogados dicen mejor “loco”, que tiene una pena mucho más suave. Así convertimos a los enfermos en malvados y a los malvados los salvamos por supuestamente estar enfermos. 

Por ejemplo, la esquizofrenia es la peor de las enfermedades que existe, con una confusión importante a nivel mental y con graves afectaciones afectivas. Además, con mucha producción de síntomas alucinatorios y depresivos, pero también delirantes.  Sobre todo con un apartamiento de la realidad y un pobre concepto y una disolución importante de su yo. Con lo cual la culpa, la depresión y la agresividad, va dirigida hacia adentro, no hacia afuera.  Sin embargo, el estigma se crea y más cuando lo dicen dirigentes políticos. Eso es algo contraproducente.