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El silencio de la violencia obstétrica

Todos los días, miles de personas gestantes deben enfrentarse a malos tratos. La violencia obstétrica es real, pero todavía no se habla lo suficiente de esta.

Doctor con una mujer embarazada

Foto: Unsplash

LatinAmerican Post | July Vanesa López Romero

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Existe una mentalidad occidental del respeto a las mujeres gestantes. Durante su embarazo y en el perpuerio tienen ciertos privilegios en el día a día para hacer que su vida cotidiana sea un poco más cómoda. Acciones como cederles sillas en lugares concurridos, que puedan evadir filas, entre otros, hacen que hay una mentalidad generalizada de que tienen privilegios y que no son foco de violencia. Pero si nos detenemos a revisar un poco mejor podremos notar que no es del todo cierto. La violencia obstétrica demuestra que durante el embarazo se puede presentar tanto violencia institucional como violencia de género y hoy se lucha por que esta sea visibilizada, ya que es más común de lo que se cree, pero también es muy silenciada. 

¿Qué es la violencia obstétrica?

La violencia obstétrica sucede cuando los profesionales de la salud tienen conductas y/o prácticas que pueden llegar a ser violentas con las personas gestantes. A partir de tratos poco humanos y éticos se ponen en juego sus derechos reproductivos, generando tanto heridas físicas como traumas emocionales. Si bien, la violencia obstétrica suele pensarse hacia las mujeres, hay que recordar que realmente hay personas gestantes, es decir, personas que no necesariamente se identifican como mujeres. En ese orden de ideas, hombres trans, personas no binarias, y personas de género fluído pueden ser víctimas de este tipo de violencia, e incluso pasar por un proceso aún más tedioso al encontrarse con personal médico que no tenga en cuenta su identidad sexual y tomé decisiones y acciones que resulten violenttas por no tenerlo en cuenta. Como mencionábamos anteriormente, la idea del respeto en el embarazo es hacia las mujeres, no hacia las personas gestantes. 

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Sin embargo, independientemente de la identidad de género, es claro que la violencia obstétrica es un problema del que se ha hablado muy poco y que históricamente ha sido visto como algo a lo que se tiene que afrontar cualquier persona embarazada, porque el médico, al ser profesional de la salud, tiene superioridad. 

Según el suplemento especial "Dignity and respect in maternity care" del Programa de Reproducción Humana y la ONU, estos son los principales abusos a los que se enfrenta una persona gestante durante el parto y el puerperio: 

  • Personas en trabajo de parto son llevadas a cesárea sin consentimiento informado
  • Las personas posparto y sus bebés son detenidos después del parto para extorsionar el pago de la atención
  • Las guarderías intercambian a los bebés para las familias con más poder y riqueza; los recién nacidos son tratados con rudeza
  • Las personas en edad fértil son golpeadas y humilladas, se les ordena limpiar el piso y la cama inmediatamente después del parto
  • Se separa a las personas gestantes y los recién nacidos
  • Las personas en edad fértil son ridiculizadas por sus elecciones y obligadas a soportar tratamientos que no quieren

Además de esto, que sucede durante el alumbramiento y en los momentos seguidos a este, las personas gestantes reciben malos tratos durante sus meses de embarazo. Estas son algunas de las conductas que se pueden percibir:

  • Que no se atiendan oportunamente las emergencias obstétricas
  • Dar a la persona gestante un trato infantil, paternalista, humillante, despersonalizado o despectivo
  • Lentitud institucional a la hora de cuidar de la persona gestante y del bebé en camino

Todo esto tiene como resultado que el embarazo sea percibido como un proceso violento, cuando, tanto los profesionales de la salud, como las insituciones de salud deben tener las herramientas, los recursos y las actitudes para brndar un servicio que sea dignificante y no humillante. 

Un problema que demuestra desigualdad

Según el informe mencionado anteriormente, la violencia obstétrica se da tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. Pero no es un secreto que es más común en personas racializadas, migrantes, con poca capacidad económica y de edades menores. Esto demuestra una vez más que la desigualdad sigue siendo el principal motor que mueve violencias como la obstétrica. Este es un tipo de violencia que abraza otras violencias: la del género, la institucional, la profesional, pero también la racial, la social, la religiosa, entre otras. 

Todavía le queda camino a los derecho reproductivos para que puedan tener en cuenta a todos para todo. Los estados naciones deben apuntar a educar, pero también a recostruir la manera en la que las instituciones ejercen poder sobre los individuos. Solo de esta manera este tipo de violnecias se acabarán.