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Óscars 2022: Amor adolescente en Licorice Pizza

Una nueva reseña para nuestro especial dedicado a la categoría de Mejor película de los Premios Óscars. Estas son nuestras impresiones de Licorice Pizza.

Fotograma de la película 'Licorice Pizza'

Foto: MGM Studios

LatinAmerican Post | Juliana Rodríguez Pabón

Licorice Pizza es una comedia romántica del género coming-of-age. En ella, Gary, un chico de 15 años, intenta con persistencia enamorar a Alana, una joven de 25 años. Más que una sola historia, Licorice Pizza es una serie de historias en la que estos dos personajes tienen aventuras que los llevan inevitablemente a un beso final.

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Es muy distinta de otras películas de su director, Paul Thomas Anderson, que suele ser más oscuro y detenido. Esta vez, para variar, vemos una comedia con personajes sin una psicología problemática. Este nuevo tono no es el único ángulo de la frescura de Licorice Pizza: también los actores que interpretan a los protagonistas son frescos, pues es esta su primera aparición en cine. Alana es interpretada por Alana Haim, de la banda Haim; y Gary es interpretado por Cooper Hoffman, hijo de Philip Seymour Hoffman, muy querido por Paul Thomas Anderson.

Homenajes y excesos

Mucho se ha comentado sobre los homenajes y parodias que contiene Licorice Pizza. La película está ambientada en la California de 1973 y hace un homenaje a las películas de la época. Las referencias a las estrellas de esta década son divertidas incluso (aunque no en la misma medida) para el espectador inadvertido que no las entiende. Hay secuencias paródicas que causan risa de añoranza mas no de burla. En este aspecto de la película, se destacan las apariciones de Bradley Cooper y de Sean Penn, que saben satirizar no solo a los personajes que interpretan sino también saben burlarse de la nostalgia misma, de la obsesión con el pasado, que es el eje de Licorice Pizza.

Todas estas referencias y homenajes se hacen en un tono fresco y divertido en el que los dos protagonistas se mueven con soltura. Otra característica de Licorice Pizza será, pues, el exceso. No el exceso como tema, sino el exceso en su forma. La película contiene muchas historias en las que participan muchos personajes que gritan, patalean, se ríen a carcajadas. Esto, lejos de ser un show off de Paul Thomas Anderson, es también un gran abrazo al desbordamiento de la época a la que hace referencia y que se parece, por supuesto, al desbordamiento de la adolescencia, la otra época homenajeada en esta película.

Un amor adolescente

Las historias de amor entre dos adolescentes son un tema recurrente en el cine y se contraponen a la cantidad de películas sobre matrimonios infelices que se producen cada año. (Justamente, Phantom Thread, también de Paul Thomas Anderson, es tal vez una de las únicas películas recientes que representan una historia de un matrimonio con un final feliz). El amor adolescente puede ser desbordado, sexy, absurdamente atrayente (y en este sentido también parodiable), loco e inevitable. Suele ser representado como un amor que no puede no ser y que a veces debe, incluso, ir contracorriente. En las películas de adolescentes, los amantes enfrentan varios obstáculos para llegar a este último beso en el que ambos se dan cuenta de que han sido arrastrados a ese momento y que han tenido que crecer para llegar allá. 

No es este necesariamente el caso de Licorice Pizza, en la que vemos, más bien, un juego de seducciones, celos y rechazos más parecido a lo que sucede en la realidad. En las primeras secuencias ya vemos a Gary enamorado de Alana: sabe desde que la ve que ella será su esposa y hará todo para lograrlo. Esto, de nuevo, es una exageración que da algo de risa pero más de añoranza y de ternura que de burla hacia Gary. Así, esta serie de encuentros y desencuentros entre nuestros protagonistas está llena de excesos que no solo hacen referencia a la década de los 70 sino también al amor adolescente, en el que no se piensa en otra cosa ni se hace otra cosa que no sea para ese amor.

Así, pues, vemos a Gary y a Alana ir hacia su destino: el otro. Pero esto no aparece en la película de forma solemne y grave sino que parece más como una casualidad, un final natural para estos dos amigos, así de orgánica es su historia. Por momentos, incluso, parece que no terminarán juntos; y así se reitera la libertad de este amor adolescente: dado que está libre de la convención, los amigos pueden saber que es un amor de verdad. Esto, entonces, puede explicar la nostalgia setentera y adolescente: la película es una mirada esperanzadora a este momento espontáneo y breve. De ahí que Licorice Pizza se sienta tan fresca y relajada, pues sus personajes son atraídos hacia el otro con tal naturalidad que el final parece inevitable. Gary es extrovertido y seguro de sí mismo, y no sufre grandemente con los rechazos de Alana, pues pareciera saber él también que ella, en algún punto, lo besará. Nos muestra un amor predicho desde el inicio que no puede no ser.   

¿Ganará el Óscar?

Si bien Licorice Pizza es fresca y divertida, es claro que el genio de Paul Thomas Anderson está en el género más oscuro y elegante al que ha dedicado la mayor parte de su obra. Esta obra menor del director se pone al lado de otras comedias coming-of-age que también han agradado a la Academia, como Lady Bird, cuya protagonista resuena con la personalidad de Alana. Ya antes hemos dicho que la Academia suele premiar la solemnidad antes que a la comedia. Sin embargo, tal vez esta sea la primera vez en que se premie una comedia dirigida por un director reconocido por su gravedad, pues fue, en esta ocasión, una mezcla exitosa. Veremos.