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¿Cómo afectaría a Latinoamérica un conflicto en Ucrania?

Los rumores de guerra entre la OTAN y Rusia podrían significar, indirectamente, un respiro en la economía de los países productores de petróleo en la región. Estas serían las consecuencias ante un eventual conflicto en Ucrania

Soldados en operación

Foto: Pixabay

LatinAmerican Post |  Christopher Ramírez

 

La Guerra Fría fue un conflicto diplomático que nació tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y que culminó, según historiadores, con la disolución de la Unión Soviética (URSS) en 1990. Durante 45 años, en el mundo la frase geopolítica y social más popular fue: “¿quién oprimirá el botón primero?”, en clara referencia al miedo generalizado que existía de que alguno de los dos bandos de esta “guerra” (Estados Unidos o la entonces URSS) lanzara un misil que acabase con el otro.

Sin embargo, aunque el mundo crea que este conflicto culminó en la última década del siglo XX, lo cierto es que las tensiones entre el gigante norteamericano y su igual euroasiático no se han acabado, tal como lo demuestran las recientes noticias que tienen como punto central un pequeño país europeo: Ucrania.

La reciente presencia de fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de la cual hace parte EE.UU., en los límites ucranianos con Rusia, ha hecho que este país inicie una escalada militar hacia la antigua nación adjunta a la URSS, en lo que asegura es un simple plan de contingencia y protección de los intereses de sus ciudadanos en la frontera.

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Para el Kremlin, la presencia de la OTAN en territorio ucraniano representa una clara amenaza, no solo para su soberanía, sino para los intereses que los rusos aún poseen sobre Ucrania; por lo que es de suma importancia intentar cuidar de los mismos con presencia militar en la zona. Estados Unidos, por su parte, piensa que Ucrania no tiene por qué rendir pleitesía alguna a Rusia, por lo que ha prometido defender este país en caso de una escalada rusa mayor en su territorio.

Por supuesto, lo que parece ser el posible inicio de un conflicto bélico, se convierte día a día en una nueva amenaza de tensiones diplomáticas que no se viven desde hace más de 30 años, y que prometen no solo afectar la tranquilidad de sus habitantes, sino la tranquilidad de la economía mundial.

Para nadie es un secreto que Rusia es uno de los mayores extractores de petróleo y de sus subproductos, junto con Estados Unidos y Arabia Saudita. De acuerdo con la Revisión estadística de BP de World Energy 2020, en 2019 se sacaron más de 95 millones de barriles de petróleo cada día, y estos tres países tomaron la batuta en este ranking: Estados Unidos produce el 19 % del petróleo mundial, mientras que Arabia Saudita produce el 12 %, seguido de Rusia con un 11 %.

Entonces, ¿cómo afectaría a la economía un posible conflicto entre Rusia y Estados Unidos, cuando son estos dos de los tres países que tienen el control de la producción de petróleo en el mundo?

Según predicciones del gigante empresarial JP Morgan, en caso de que Rusia decida iniciar un confrontamiento en territorio ucraniano, el precio del barril de Brent, que hasta la fecha tiene un costo alrededor de 87 dólares, podría incluso ascender hasta los 150 dólares. "Esto llega después de una ya elevada inflación y una economía global que está siendo golpeada por una pandemia, que se suma a la fragilidad a corto plazo de lo que sería, de otra forma, una recuperación fundamentalmente sólida", explica JP Morgan.

Asimismo, esta empresa de servicios financieros, indica que el incremento en el precio del petróleo se daría debido a que el suministro de extracción de este material se interrumpiría en al menos 2,3 millones de barriles al día, una caída de más del 21 % si se tienen en cuenta las cifras de producción de 2021, las cuales, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), registraron un promedio de 10,8 millones de barriles al día en Rusia.

No obstante, en toda crisis, así como hay perdedores también hay ganadores, y en este caso los “beneficiarios” del cierre de la llave en Rusia, serían los demás países productores que verían como el precio del petróleo se incrementa, mientras disminuye su oferta. Por supuesto, la inflación en este mercado sería mayor, pero en los países productores, dicho ítem podría significar un “respiro” de cara a la reactivación económica tras la pandemia de covid-19 en sus territorios.

Así, países latinoamericanos productores como Brasil, Colombia, Argentina, Guyana, México, Ecuador y Venezuela podrían beneficiarse de un posible conflicto entre Estados Unidos y Rusia, ya que dos de los mayores productores de petróleo estarían centrando la extracción de este material y su utilización en defender sus intereses en tierras ucranianas.

Ahora bien, sobre el papel, esto suena ‘bien’ para la región, sin embargo, hay que recordar que la mayoría de los países productores de crudo en Latinoamérica no precisamente son expertos en la elaboración de sus derivados como la gasolina. De hecho, algunos de ellos como México y Colombia, importan el carburante, en su mayoría, de Estados Unidos.

En síntesis: si aumenta el precio del petróleo, aunque podría significar una gran bonanza, también representaría una nueva amenaza al incremento del precio de la gasolina, lo que podría a su vez aumentar la inflación en estos territorios; sin contar el impacto que tendría en aquellos países que no son productores en la región.

“Las cifras en general señalan que la inflación se mantendrá elevada por más tiempo. Por supuesto que nosotros, junto con la comunidad internacional, estamos interesados en que pueda haber alguna solución a este tema”, indicó Gita Gopinath, directora del departamento de Análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Si sube el precio del petróleo, sube el costo de vida en todo el mundo. La bonanza, aunque existente, podría ser efímera teniendo en cuenta el bajo poder industrial en Latinoamérica. Sería entrar en un cuello de botella en donde al final la inflación seguramente ganaría la carrera, en medio de lo que podría ser un conflicto bélico sin precedente alguno en el siglo XXI.