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¿Qué podemos aprender de África en la gestión del COVID-19?

La aparición de la pandemia puede ser útil para enfocarnos en lo que ha ocurrido en distintos territorios, como en el continente africano

Un joven africano sostiene un termómetro para medir la temperatura de una mujer antes de entrar en el aula

Áfrca ha sido ejemplo en la gestión contra la pandemia. Foto: Adobe Stock - Vic Josh

LatinAmerican Post | Ariel Cipolla

A casi dos años de la declaración de pandemia, es momento de hacer algunos balances importantes. Aunque el mundo parece estar avanzando con la vacunación, los contagios están al alza. Es necesario comprender qué es lo que ha ocurrido hasta aquí y ver cómo han actuado algunos territorios.

Ahí es donde entra en juego la importancia de África. En este continente la tasa de mortalidad del virus es más baja. África tiene el 17% de la población mundial, pero solamente representa un 3,5% de las muertes oficiales comunicadas hasta el momento.

Una de las explicaciones sobre este fenómeno tiene que ver con la propia demografía de las personas: los africanos, en general, suelen tener una población más joven. Como sabemos, las personas de corta edad, salvo excepciones con factores de riesgo, suelen ser menos propensas a la letalidad del virus.

Esto explicaría que, si bien la tasa de contagios parece ser pareja en relación con lo que ocurre con los demás continentes, la mortalidad no lo sea tanto. No obstante, también hay que tener en consideración que en África también podrían existir subregistros, lo cual lleva a tener controversias con los números oficiales.

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La existencia de estos subregistros se explicaría por varias razones: el acceso limitado a la asistencia sanitaria para detectar el COVID-19, los sistemas de vigilancia de la enfermedad, la tasa de asintomáticos e incluso la decisión gubernamental de no notificar concretamente los casos hacia el resto del mundo.

Por ejemplo, Sudáfrica, Túnez o Egipto son las que registran más muertes. Por otro lado, según un informe de The Lancet, África es el peor sitio para afrontar una internación grave del COVID-19, pues el 48% de las personas murieron a los 30 días.

Todo esto lleva a pensar que la baja tasa de mortalidad pueda ser un subregistro, pero tampoco hay que omitir la posibilidad de que África lo haya hecho realmente bien. Un ejemplo ocurre con Kenia. Al comienzo de la pandemia, esta nación tenía poca infraestructura para hacer frente a los contagios, algo que sucedió en todo el mundo. No obstante, se desarrolló rápidamente un sistema para hacer rastreos.

Otro de los puntos que podría explicar esta situación de África es su experiencia con las pandemias. Más específicamente, con las del Ébola, el VIH e incluso el sarampión, presentes en el continente desde hace décadas. Pese a los riesgos, algunas naciones se prepararon históricamente para enfrentar estos problemas, como ocurrió con Etiopía.

A finales de la década del 90, el gobierno había implementado distintos programas para enfrentar a esta pandemia. ¿El resultado? Tan solo para el 2008 la prevalencia del VIH disminuyó en un 53%. En gran medida, gracias a los centros de asistencia para esta enfermedad, se podría explicar que esta nación haya tenido protocolos de base frente a la pandemia del COVID-19.

En cuanto a la variante Omicron, fue descubierta por investigadores de Sudáfrica. Durante los primeros días de noviembre, empezaron a averiguar nuevas características en el virus, como una alta contagiosidad, pero una disminución de la letalidad. Al tener esta información de primera mano antes de tiempo, pudieron tener más datos para enfrentar esta variedad del virus.

Pese a estos avances, la vacunación parece ser un problema. Según la OMS, África podría tardar hasta el 2024 en vacunar hasta el 70% de la población. Para entenderlo, según OurWorldInData, en Sudáfrica, una de las naciones más prósperas del continente, solo se han dado doble dosis al 27% de su población.

Otras naciones, como la República Democrática del Congo, solamente aplicó 334.000 dosis, con una población total de 89,56 millones. Este es un enorme problema si tenemos en cuenta la aparición de nuevas variantes, como ocurrió con el Omicron, pues la falta de vacunación en estos países pueden afectar al resto del planeta debido a las mutaciones.

De todas maneras, en los últimos meses se aceleró la vacunación en este continente, pues en agosto se había anunciado que el continente tendría 400 millones de vacunas a disposición. No obstante, parece ser una cantidad muy baja por la composición demográfica del continente.

Por lo tanto, debemos ser conscientes de que la situación en África, por más que sea lejana a la nuestra, puede afectarnos. Es fundamental que los organismo internacionales intensifiquen las campañas de vacunación mediante la cooperación.