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Opinión: La hipocresía de la cumbre por la democracia de Estados Unidos

La semana pasada, Estados Unidos realizó la primera Cumbre por la Democracia virtual, pero parecía más una reunión de aliados a Washington.

Congreso de los Estados Unidos

Esta fue una cumbre de aliados y no de demócratas. Foto: LatinAmerican Post

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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Recientemente la Casa Blanca realizó la cumbre por la democracia, un evento virtual que causó mucho alboroto en todo el continente. Con ausencias notables de países con Gobiernos autoritarios como Venezuela o Cuba; pero también con la no invitación de otros con presidentes que causan recelo en la comunidad internacional, como El Salvador de Nayib Bukele. Hasta acá, uno entiende... son criterios subjetivos, pero lógicos. 

Sin embargo, ¿de cuándo acá Bolivia es menos democrática que Brasil? La misma vara que se usó con Bukele, debe usarse con Bolsonaro. Y un Gobierno recientemente votado democráticamente por las mayorías como el de Luis Arce en Bolivia, es, sin lugar a dudas, sinónimo de democracia en el continente. Lo mismo se puede decir de Guatemala y Honduras, lleno de Gobiernos corruptos, pero que tienen democracias imperfectas, como muchos otros en la región. No por nada, recientemente en Honduras acaba de ganar la candidata opositora Xiomara Castro.

Si la reunión era entre aliados de los Estados Unidos, pues ponerle un nombre acorde. Pero una cumbre que desconoce procesos electorales y democráticos alejados a la hegemonía e influencia norteamericana, es un error.

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Pero, adicionalmente, ¿tiene Estados Unidos la autoridad para ser catalogado como veedor de democracias en el continente? Veamos uno a uno los motivos por los cuáles, Estados Unidos no está en condiciones de hacer listas de países democráticos en estos momentos.

Primero, es evidente que Estados Unidos es una de las democracias modernas más longevas de todo el planeta. Los organismos de control, las libertades dentro del país, la transición de poder y la ausencia de golpes de Estado lo avalan. Sin embargo, es también un país que históricamente ha interferido en democracias latinoamericanas y apoyado golpes de Estado en todo el planeta.

El caso más recordado y evidente fue el de Salvador Allende, electo presidente en Chile y en 1973 el General Augusto Pinochet realiza un golpe de Estado y se planta la dictadura. Pero también ocurrió en Paraguay, cuando en 1954 el general Alfredo Stroessner toma el poder en otro ataque a la democracia; o Hugo Bánzer  en 1971 en Bolivia; en Argentina en 1976 con Jorge Rafael Videla, entre otros ejemplos.

Además, e históricamente, Estados Unidos ha aapoyado a países que no tienen nada que ver con la democracia. Por ejemplo, las Monarquía absolutas de Arabia Saudita, Qatar o EAU; o las relaciones con dictadores como Erdogan en Turquía. Si es verdad que ninguno de los mencionados asistió al evento,esto  demuestra que a Washington no es que le disguste las relaciones cercanas a Gobiernos autoritarios.

En la lista, por ejemplo, sí estuvieron Filipinas o Polonia, donde los Gobiernos han tenido serias acusaciones de debilitar las democracias internas, ataques a minorías y acusados por grupos de derechos humanos.

Adicionalmente, hoy en día, la democracia norteamericana vive una de las crisis más graves en la historia reciente y tiene nombre y apellido: Donald Trump y el trumpismo que ha dejado. 

Hoy, gran parte de la derecha alternativa, no tiene credibilidad en su país. Esto, se evidenció en la crítica a los medios masivos de comunicación, entre estos, Fox News, un canal tradicionalmente conservador. Estas nuevas plataformas le han servido a viralizar teorías conspirativas políticas, como el QAnon que fue una de las causas de la toma al capitolio del año pasado, uno de los eventos que puso en jaque la democracia norteamericana. Según Pew Research, en 2019, el 69% de los estadounidenses desconfían del Gobierno y el 61% lo hace de los medios de comunicación. 

Esto es un claro ejemplo de que la crisis de la democracia en el plano internacional. Pero para solucionarlo, será necesario el aporte de todos los Gobiernos democráticos, no solo los que nos caen bien. Porque si así funcionarán las cumbres, entonces no es tanto la preocupación por la democracia, sino por los Gobiernos amigos.