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Opinión: Ciudades del futuro: ¿cómo serán y cómo hay que repensarlas?

A medida que el cambio climático avanza las ciudades del futuro deben repensarse para ser más sostenibles.

Ciudad del futuro

Para borrar la imagen distópica de las ciudades del futuro, debemos repensar cómo las construímos. Foto: LatinAmerican Post

LatinAmerican Post | Vanesa López Romero

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Read in english: Opinion: Cities of the future: what will they be like and how do we have to rethink them?

Si pensamos en las ciudades del futuro seguro se nos viene a la mente una imagen desoladora y distópica sacada de una película de ciencia ficción, en las que, por cierto, muchas de las veces lo que llevó al mundo a ese estado son problemas ambientales. Pero hace veinte o treinta años también existían películas de ciencia ficción que pensaban su futuro, es decir nuestro presente, de una manera muy diferente a lo que ahora es.

Si bien puede que no estamos tan avanzados tecnológicamente como para andar en carros voladores, sí es evidente que desde los 90 se ha producido un boom tecnológico que ha permitido saltos agigantados en el avance de la tecnología y la ciencia. Y ese boom ha estado acompañado de una respuesta particular que se viene gestando desde hace cientos de años: el consumismo masivo. ¿El centro de este consumo? Las ciudades.

Ciudades y su impacto ambiental

Los centros urbanos son el punto de encuentro de una amplia concentración demográfica en espacios muy reducidos, explotación desmedida de recursos naturales para satisfacer el consumo de toda esa concentración demográfica, un consumo energético e hídrico elevado y una clara línea que separa las clases más altas de las más pobres

¿La razón? Cómo están pensadas las ciudades tanto desde lo social hasta en su infraestructura. Si bien se nos ha vendido la idea de metrópolis como un lugar con oportunidades para cumplir unos sueños, hay que tener en cuenta que esos sueños están asociados a una mentalidad capitalista que tiene como único fin la productividad y la capacidad de sostenerse financieramente. A su vez, el paradigma mismo del capitalismo deja de lado cómo se usen los recursos naturales para cumplir con ese propósito. Lo ha hecho históricamente, y ese ha sido uno de los principales problemas para detener las consecuencias de la destrucción del medio ambiente. 

Las ciudades no solo enmarcan este tipo de pensamiento y forma de vivir de manera social, sino que también están construidas para promover esas ideas. Esto tiene un impacto negativo y directo en el medio ambiente. Por ejemplo, las edificaciones altas con vidrios demasiado grandes y que ocupan la mayoría de las paredes son la causa principal de la tasa más alta de muertes de aves en el mundo. Asimismo, en tanto una ciudad se va expandiendo, la vida silvestre que hay a su alrededor va desapareciendo. La cantidad de oxígeno que se produce en una ciudad es muy baja en comparación a la que se produce en una ambiente rural y con poca presencia humana. La concentración demográfica, las actividades industriales y los medios de transporte, tanto los privados como los públicos, producen altas cantidades de contaminación y ponen en riesgo no solo la poca vida silvestre que hay en las ciudades, sino también la misma vida humana. 

No podemos dejar de lado que el espíritu consumista que se alaba en las ciudades es el motor para que en las zonas rurales se explote de manera desmedida el medio ambiente para satisfacer las necesidades de quienes viven en la metrópolis. 

Debemos repensar la infraestructura de las ciudades

Por suerte ya estamos comenzando a hacerlo. Por ejemplo, científicos y arquitectos están creando materiales para construir edificios que cuiden la vida de distintas especies y promuevan la abundancia de fuentes de oxígeno. Ahora se habla de ciudades sostenibles y verdes, pero debemos entender que eso a veces no es suficiente, sobre todo porque la etiqueta de sostenibilidad en un nombre es más una etiqueta que una realidad. Es necesario que los gobiernos que se han comprometido a reducir sus niveles de gases de efecto invernadero en la pasada COP26, entreguen dentro de sus planes de infraestructura garantías para repensar las ciudades del futuro, que apoyen y destinen financiación a aquellas personas que quieren hacer de las ciudades lo que siempre han prometido ser. Hay que hacerlo desde ahora, esperar solo nos retrasa en la carrera contra el cambio climático. 

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Hacerlo no solo pondrá contra la pared un paradigma ambiental, sino que también tendrá un efecto humano. Se trata de entender que ante este panorama los más afectados serán los vulnerables, pero eso no quiere decir que eventualmente los privilegiados también tendrán que vivir las consecuencias de la necesidad de consumo masiva que nos está llevando poco a poco a la extinción. 

Apoyar aquellos emprendimientos que quieren ser verdaderamente sostenibles, exigir infraestructura que ponga el bienestar del ser humano y del medio ambiente primero y cuidar de los recursos que aún no se han agotado, es vital para que las ciudades del futuro puedan mantenernos con vida y no signifiquen nuestra destrucción.