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Entrevista: "Hay indiferencia política sobre el derecho a la educación para las personas sordas"

Estuvimos hablando con Luis Miguel Hoyos, nos habló de igualdad y educación para las personas sordas. 

 

Estuvimos hablando con Luis Miguel Hoyos, abogado y filósofo barranquillero, ex Subdirector General del Instituto Nacional para Sordos - INSOR, ganador del reconocidísimo Napolitans Victory Awards 2020, ex Consultor de Humanity & Inclusion y actual Coordinador Nacional del Proyecto de Justicia Local y Rural del PNUD (Naciones Unidas) y el Ministerio de Justicia en Colombia. Este filósofo es visible en Colombia y gran parte de América Latina como una voz autorizada sobre la igualdad de las personas sordas. Nos habló de educación e igualdad de las personas sordas. 

¿Qué es la toma de conciencia sobre los derechos de las personas sordas?

Es un proyecto democrático que amplía el concepto de diversidad humana e incluye a las personas sordas para que la igualdad de estos sea una completa realidad. No es solo apelar a la «sensibilización sobre las necesidades de las comunidades sordas» es ir más allá del artículo 8 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad; es tener una actitud crítica sobre los puntos de indignidad que padecen las personas sordas, saber que nuestras sociedades son discriminatorias y opresivas y, que cada contexto de injusticia social relacionado con la comunidad sorda debe ser erradicado. 

¿Consideras que hay toma de conciencia en América Latina?

No. En América Latina tenemos gobiernos abiertos y cerrados con relación a las personas sordas. En los gobiernos abiertos existen significativos ajustes razonables y acciones afirmativas y a esto solemos llamar «inclusión». Pero, no se puede confundir la inclusión con la igualdad y esto último no está asegurado para las personas sordas y sus comunidades. En Colombia, como en el resto de Latinoamérica, no vemos una consolidada conciencia sobre la igualdad de las personas sordas y con grandes matices persisten: exclusión, marginación, capacitismo, tokenismo e infravaloración. Lo vemos más de cerca con la realidad de la Covid-19.

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Políticamente, ¿qué cree que ocurrió con la educación para sordos en América Latina?

La «toma de conciencia» sobre las personas sordas lleva construyéndose 300 años y es algo que todavía se desconoce, pero igual que ocurrió en 1800 en el Congreso de Milán, la toma de conciencia se fracturó cuando en la región se cerraron los colegios y proyectos educativos para sordos. En Colombia, por ejemplo, no hemos entendido que la toma de conciencia depende de la educación, que la educación con calidad es la única que cambia nuestras conciencias civilizatorias y nos dota de la razón que nos pone de pie en el mundo que habitamos.

En América Latina se ha venido confundiendo la «Educación Inclusiva» con la «Educación Incluyente» y por tal motivo, la Educación Bilingüe Bicultural para Sordos ha sido fagocitada por la Educación Inclusiva. Esto ha generado que en la práctica tengamos más acciones de «Inclusión» que de «Educación para Sordos». Esto sumando a que, en Colombia, se ha creído una falacia que afirma que los colegios e instituciones para sordos son inconstitucionales generándose un problema mayor: la inexistencia de una «Política de Educación Bilingüe Bicultural» como política de Estado, porque sí, es preciso afirmar que la gran mayoría de acciones para sordos que hoy existen en América Latina son políticas o iniciativas de gobierno, pocas son una verdadera acción de Estado. 

Pero, ¿cómo se justificó cerrar las escuelas para sordos?

No se justificó, simplemente se hizo y punto. En América Latina hubo un debate de muy bajo nivel que comparó, y todavía compara, la «Educación para Sordos» con el segregacionismo, ese argumento es el que cercena el camino hacia una conciencia sobre la importancia de los sordos, es que hay gente que cree que tener junta a las personas con discapacidad es sinónimo de igualdad, eso se llama «espacializar la discapacidad» y es lo que mucha gente defiende en nombre de una mal entendida inclusión. Desde ese discurso se asumió que lo inconstitucional eran las escuelas para sordos, cuando realmente, lo inconstitucional es la acción que define a la Educación para Sordos como segregación y no como diferencia genéricamente humana. Hasta la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad admite la Educación para Sordos solo falta revisarla para comprobarlo. Todo esto ha provocado que el derecho a la educación de las personas sordas latinoamericanas y colombianas sea el eslabón débil de una pirámide educativa donde las personas sordas no ascienden, sino que se mantienen en continua opresión, incluso, se ubican muy inferior a otros colectivos de personas con discapacidad. La verdadera segregación es la inexistencia de los sordos en los espacios de igualdad pues la poca profesionalización sorda se debe a una educación que, siendo inclusiva, no es pertinente para ellos. 

¿Cuál es el camino que usted identifica para construir una toma de conciencia que potencialice la educación para sordos?

Un buen ejemplo es Suecia. Allá se institucionalizó la Educación Bilingüe Bicultural como parte de la educación general del país. A diferencia de Colombia, ningún modelo educativo en Suecia absorbió a la Educación para Sordos, es más, el derecho constitucional sueco separó la educación oyente de la sorda y como en Canadá, Suecia, apostó por el «Interculturalismo Educativo» y no exclusivamente por la Educación Inclusiva. Suecia admitió distintos modelos educativos, entre ellos, el modelo oyente y sordo. La Educación Bilingüe Bicultural Sueca está incardinada al «Multiculturalismo Educativo» de ahí que la Lengua de Señas Sueca sea también parte de la realidad lingüística de ese país. 

En el país tenemos leyes íconos, las Leyes 324/1996 y 982/2005 son referencia para países miembros de la Unión Europea como Países Bajos y, no yéndonos tan lejos, Perú y Ecuador quienes han seguido nuestro ejemplo colombiano. Sin embargo, nuestras comunidades sordas no tienen una política de Estado como, por ejemplo, la «Política de Protección a la Diversidad Etnolingüística» que salvaguarda a las poblaciones nativas del país. Ahora bien, sabemos que una política de Estado no genera más conciencia sobre un grupo humano, pero si impulsa sus procesos sociales. La política de Diversidad Etnolingüística ha viabilizado la asignación presupuestal y técnica para el estudio y socialización de las lenguas y culturas nativas de Colombia en institutos, colegios y universidades, nadie puede afirmar que tales lenguas y culturas están ausentes. Pero lo anterior, no lo tiene la comunidad sorda aún cuando la Corte Constitucional en la C-605/2012 ratificó la posibilidad de una política educativa para sordos. 

En Colombia y, América Latina, no tenemos una fortísima infraestructura; contratación de talento humano de y para sordos; sistema de medición de la calidad educativa para sordos; escuelas e instituciones de y para sordos; instituciones para las familias de personas sordas interesadas en la cultura y lengua de señas y, una oferta de educación para sordos porque lo que debió ser una política de Estado, me refiero a la Educación Bilingüe Bicultural, es todavía una acción supeditada a la agenda política de turno y al buenísimo del gerente público que esté dispuesto a cumplir las obligaciones educativas establecidas en la Ley, todavía es así. La falta de una Política no permite que la educación para sordos; lenguas de señas; modelos lingüísticos, intérpretes y profesores de y para sordos sean parte de la plantilla general del sistema educativo de un Estado y, sin esto, menos habrá una conciencia sobre la importancia de las personas sordas y su derecho a la igualdad.

¿Hay que rescatar la educación bilingüe bicultural para lograr una toma de consciencia?

Sí. No nos podemos conformar con buenas acciones políticas como viene ocurriendo porque siempre las acciones de inclusión para sordos caen cuando llegan gobiernos indiferentes a la igualdad, algo muy común en América Latina. En Colombia se requiere de una estabilidad democrática para las Lenguas y Culturas sordas y tal cosa requiere de una educación específica como vehículo de preservación, esa educación es la Educación Bilingüe Bicultural, existe desde hace más de 300 años y fue pensada para salvaguardar y estabilizar a los sordos en todo lo que llamamos “mundo social”. Esto justifica un tratamiento constitucional diferente que autoriza políticamente «separar pedagógicamente» (que no es marginar) por ejemplo, a los niños y niñas sordos durante la infancia en escuelas diferenciales ¡no aprendemos francés con gente que habla mandarín! 

Todavía hay una enorme indiferencia política sobre la toma de conciencia y el derecho a la educación de las personas sordas, no se entiende que la Educación para Sordos es un especial acomodo que la democracia posibilita para que la política educativa general permita que los niños, niñas y adolescentes sordos, igual que ha sucedido con nuestros pueblos indígenas, reciban una educación en la lengua-vehículo de su desarrollo. Esto es una verdad científica y política. Asumir la toma de conciencia es que admitamos estas verdades y, sobre todo, respetemos las exigencias de las comunidades sordas.