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¿Por qué tantos afroamericanos son anti vacunas?

Detrás de esta tendencia de afroamericanos anti vacunas en Estados Unidos se esconde una terrible historia y mucha desinformación.

Hombre afroamericano usando mascarilla

La desconfianza que siente un gran grupo poblacional por la rapidez con la que se creo la vacuna va acompañada de una campaña por parte de los anti vacunas tan grande como las campañas encargadas de promover la vacunación. Foto: Pexels

LatinAmerican Post | Vanesa López Romero

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Read in english: Why are so Many African Americans Anti-Vax?

La pandemia por la COVID-19 y la rápida respuesta por parte de la comunidad científica con la su vacuna ha generado mucho de qué hablar. La desconfianza que siente un gran grupo poblacional por la rapidez con la que se crearon las inyecciones va acompañada de una campaña por parte de los anti vacunas tan grande como las campañas encargadas de promover la vacunación. Celebridades y políticos de talla internacional han declarado la desconfianza que le tienen a los médicos y la comunidad científica promoviendo un movimiento de personas para evitar a toda costa las dosis contra la COVID-19. 

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En Estados Unidos las jornadas y campañas de vacunación extensivas han dejado al 70% de la población completamente vacunada, lo que contrasta con el poder del movimiento anti vacunas en el país. Algo que ha llamado la atención es la brecha racial respecto al acceso a la información y, por consiguiente, al tratamiento. La disparidad afecta directamente a este grupo de personas que, en su mayoría, están compuestos por afroamericanos, latinos y nativos, que, a su vez, son quienes han sido los más afectados por los estragos sociales y económicos que ha dejado la pandemia a su paso. Basta decir que la tasa de muerte por coronavirus de este grupo de personas es tres veces más alta que las personas blancas, según de CDC (Centro de Control de las Enfermedades de Estados Unidos)

La historia de un terrible experimento detrás de esta brecha racial

Estos grupos poblacionales tienen algo en común: históricamente han sido relegados por la sociedad y por las instituciones. Esto, por supuesto, genera una desconfianza que, mezclada con la dosis perfecta de desinformación, impide el acceso al tratamiento. Pero cuando hablamos específicamente de personas afroamericanas antivacunas nos encontramos con un pasado escandaloso de maltrato médico a personas negras.

En 1932, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos (USPHS por sus siglas en inglés) inició un experimento en Tuskegee, una ciudad del estado de Alabama, que buscaba estudiar progresivamente la sífilis y encontrar tratamientos adecuados, ya que para la época los tratamientos contra esta enfermedad eran muy tóxicos y su efectividad, cuestionable. Para ello, los investigadores reclutaron a 400 hombres negros con sífilis a quienes les prometieron que recibirían un tratamiento médico gratuito, comida, transporte y otros beneficios por participar en el estudio

Pero en realidad, los médicos no ofrecieron ningún tratamiento a la enfermedad de estos 400 hombres negros de Tuskegee. Todo lo contrario, durante cuatro décadas vieron cómo progresivamente la enfermedad consumía la vida de estas personas. Incluso, cuando en 1947 la penicilina se convirtió en el principal tratamiento para la enfermedad, no se les dio acceso a este tratamiento, pues este grupo de médicos buscaba ver los efectos que tenía la enfermedad y cómo conducía a la muerte. La sífilis, si no se trataba con penicilina, podía convertirse en una enfermedad crónica que generaba un dolor terrible y acaba con una muerte trágica: un fallo multiorgánico. En los 70, el estudio salió a la luz e inmediatamente fue condenado por la comunidad médica internacional que lo tachó como una violación a los estándares éticos.

Este hecho generó, entre otras cosas, una memoria colectiva de las personas de la ciudad que aún hoy en día recuerdan con tristeza a las víctimas. Por otro lado, hoy, casi 50 años después, la desconfianza a la comunidad médica sigue vigente, siendo esto una muestra de lo peligroso que puede llegar a ser el racismo. En las redes sociales las menciones de Tuskegee aumentaron considerablemente cuando se iniciaron las campañas para la vacuna de la COVID-19, demostrando que un hecho histórico puede seguir vigente. 

Con la aprobación total de la FDA a la vacuna Pfiezer en Estados Unidos, puede que esta desconfianza baje un poco, pero la verdad es que muchas personas de la misma comunidad son las que van puerta a puerta informando sobre la importancia de vacunarse contra la COVID-19.