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Opinión: la llegada de los afganos a Colombia traerá muchos beneficios

La llegada de haitianos, venezolanos y afganos plantea un enorme desafío migratorio para Colombia.

Familia de Afganistán

Colombia servirá como un tercer país seguro mientras se soluciona la situación migratoria con el país norteamericano. Foto: Reuters

LatiAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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Históricamente, Colombia nunca ha sido un país receptor de grandes migraciones. Con excepción del período de la conquista y de una migración significativa de libaneses a finales del siglo XIX y principios del XX, el país cafetero se ha dedicado a emigrar. Hoy hay grandes colonias colombianas en Estados Unidos, España, Chile, entre otros.

Sin embargo, debido a la crisis económica, política y social en Venezuela, Colombia pasó a ser el segundo país en el mundo con la mayor cantidad de refugiados, solo por detrás de Turquía, que recibe sirios. Pero eso no solo se queda ahí, ahora Colombia también es un paso obligado de miles de migrantes que se dirigen a Estados Unidos. Ya es común ver en los municipios del noroccidente del país, migrantes haitianos y africanos en camino a cumplir el sueño americano.

Recientemente, se hizo pública la llegada de refugiados afganos (en un principio se esperan 4 mil) que tienen el proceso de visa con Estados Unidos. Colombia servirá como un tercer país seguro mientras se soluciona la situación migratoria con el país norteamericano. Según la canciller colombiana, Martha Lucía Ramírez, Washington costeará todos los gastos de los afganos mientras estén en el país.

Sin embargo, estos tres ejemplos dejan en evidencia que Colombia no tiene una política migratoria clara y que en el mejor de los casos, ha decidido simplemente dejar hacer. Esto significa, dejar ingresar a los refugiados venezolanos, sin ningún tipo de protocolos o identificación.

La poca organización y la poca educación con referencia a la migración, han creado un ambiente hostil hacia los migrantes. En el país, según el Barómetro de Xenofobia, este año aumentaron en 731% los discursos de odio en Colombia. Las declaraciones de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, son solo la punta del iceberg. Más allá, las redes están inundadas de episodios de xenofobia de muchos colombianos hacia los migrantes venezolanos.

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Es por esto que es el momento de tomar el problema de raíz, elaborar una política migratoria real. Aprovechemos la llegada (en principio temporal) de los refugiados afganos para tomar decisiones y elaborar protocolos. Por ejemplo, Colombia debe garantizar que cualquier refugiado que entre en el país, debe ser inmunizado contra la COVID-19. Ya sea un migrante que busca residencia en Colombia o que está de paso. Su estancia en esta nación debe estar protegida y esa persona tiene todo el cobijo que garantiza la Constitución.

Por ejemplo, para los migrantes haitianos que viajan de sur a norte, es necesario delimitar caminos seguros para que puedan transitarlos. Brindarles hospedaje humanitario, alimentos, hidratación y puestos de salud. Muchas veces los viajes también lo hacen mujeres embarazadas. Algo similar como en algunos puntos encuentran los venezolanos. Es importante lograr el registro de los que entran. Esto permite identificar poblaciones, grupos vulnerables o en riesgo, también puede ayudar a solicitar mayores ayudas a la comunidad internacional.

Ahora que llegarán los refugiados de Afganistán tenemos mucho por aprender y aprovechar. En principio, se supone que estos solo estarán de paso y que tan solo están esperando la confirmación de su proceso de visa en Estados Unidos, pero no se tiene certeza cuánto tiempo durarán estos procesos y qué pasará si a algunos de estos se les rechaza su aplicación. En cualquiera de los dos casos, la respuesta es que algunos podrán estar en Colombia por más tiempo del esperado y será importante poderles acompañar de una forma integral.

Por ejemplo,  estos visitantes deberán tener a su disposición personal médico físico y mental para poderlos tratar de una forma integral. También será importante darles algunas cortas clases de español mientras están en su tiempo en Colombia y para que se puedan movilizar si así lo necesitan.

Adicionalmente hay que aprender de nuestros errores cometidos con los migrantes venezolanos. Las campañas educativas para evitar o disminuir la xenofobia deben ser un estandarte. Debemos rechazar no a los migrantes, sino a los discursos de odio que promulguen políticos, funcionarios, influenciadores o personas del común. La islamofobia en Colombia existe, y tendremos que empezar a combatirla.

Es evidente que en un país con dificultades, en donde las oportunidades de una vida digna para los locales ya son escasas, los migrantes tampoco la tienen fácil. Pero entendiendo que las migraciones también significan una oportunidad para crecer, Colombia se debe centrar en sacar el mayor provecho.

Ya en el 2018, el Banco Mundial destacó que a pesar de que la llegada masiva de migrantes al país representa un aumento del gasto del PIB entre 0,23 y 0,41%  (tal vez más ahora), esto impulsará la economía nacional en un futuro próximo y lejano. El intercambio cultural, el aumento del consumo y de la inversión son motivos para recibir estos grupos. También podremos ser el primer contacto de humanidad que tengan los refugiados y dejar un protocolo para futuros momentos donde volvamos a ser país seguro para refugiados.

Entonces, también brindemos un camino legal para que los migrantes y refugiados que acudan a nuestro país y tengan la intención de quedarse, tengan un camino migratorio claro. No tendremos las posibilidades que pueden brindar Estados Unidos, Canadá, Europa o el mismo Chile; pero si hay refugiados con intenciones de construir una Colombia más diversa y mejor. Siempre debemos estar a disposición, vengan de donde vengan, así como muchos otros colombianos han encontrado refugio en otras naciones.