fbpx

Opinión: El mundo deberá escoger: salud o libertad

La sociedad del siglo XXI entrará en un periodo de debates entre la sanidad pública y las libertades individuales de vacunarse o no contra la COVID-19.

Dos personas usando cubrebocas intentando tocar sus manos

Hoy nos enfrentamos a la duda: ¿libertad o salud? En los últimos años, y tal vez, sin darnos cuenta, hemos tenido que renunciar a varias libertades a cambio de cuidarnos entre nosotros. Pero, ¿hay un límite? Foto: Pexels

LatiAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

Escucha este artículo


Read in english: Opinion: The World Must Choose: Health or Freedom

En el mundo distópico de la reconocida novela "1989" de George Orwell la sociedad había renunciado a la seguridad por la libertad. Los regímenes totalitarios ganaban a cambio de garantizar la seguridad. Hoy nos enfrentamos a la duda: ¿libertad o salud? En los últimos años, y tal vez, sin darnos cuenta, hemos tenido que renunciar a varias libertades a cambio de cuidarnos entre nosotros. Pero, ¿hay un límite?

El coronavirus continúa siendo impredecible. A pesar de que varios países han alcanzado altos porcentajes de inmunización, en varios casos, el virus se sigue esparciendo a una velocidad preocupante.

En junio, Israel, fue el primer país en alcanzar más de la mitad de la población vacunada y tener al 85% de los adultos con sus dosis completas. Sin embargo, al poco tiempo, debió volver a implementar varias medidas contra la COVID-19. El Gobierno isrealí volvió a pedir el uso obligatorio de mascarillas debido al incremento de contagios entre su población.

Esto mismo parece estar pasando en varios países de Europa y en Estados Unidos, zonas en donde la inmunización está mucho más avanzada que en el resto del mundo y que han tenido que endurecer nuevamente las restricciones. Por ejemplo Francia, Austria, Alemania, Italia, entre otros, piden certificados de vacunación, recuperación o un test negativo para poder asistir a eventos o lugares cerrados. La mayor causa de este repunte, según los expertos, es la variante Delta. Esta ha demostrado ser mucho más contagiosa, agresiva, y con mayor resistencia a diferentes vacunas. Al parecer, los fármacos que suponían ser la cura para la pandemia no son milagrosos y su eficacia varía con respecto a las variantes.

Vacunas eficientes pero no 100% infalibles. 

Casos graves o mortales de personas ya vacunadas se han registrado en varios lugares. Aunque son menores, comparados con los no vacunados, existen. Las vacunas han salvado vidas, es un hecho, pero no las han salvado a todas, y los contagios, aunque controlados, por momentos crecen y se teme por nuevas olas. Estudios han demostrado que con dos dosis de la vacuna Pfizer, los resultados contra la variante Delta son de 88% (similar al 93.7% del virus original), pero con una sola dosis, la eficacia de la inmunidad cae a 30.7% comparada con el 48.7% de la variante Alpha.

No es un tema nuevo

Desde que empezó la pandemia, y por consecuencia las medidas restrictivas para disminuir los contagios, varios líderes políticos han manifestado su preocupación, ya que temen que, a causa de controlar la salud pública, se violen libertades individuales. Casos como el uso de aplicaciones y seguimientos de casos positivos a través de los celulares, fue considerado por muchos, un tema de seguridad y un motivo de preocupación. Para otros, un poco más preocupados, el simple hecho de tener mayores medidas de confinamiento o de uso de mascarillas ha sido inconcebible.

Lea también: ¿Deberíamos retrasar la vacunación contra COVID-19 en niños?

Marchas en contra de este tipo de regulaciones por parte de movimientos negacionistas han salido a las calles, en especial en Estados Unidos y Europa. Se han retroalimentado de información que encuentran en internet, pero que no está del todo comprobada y se han ido alineando con movimientos e ideologías políticas. No es extraño ver en redes sociales, cómo personajes de derecha radical, o de la derecha alternativa americana (un movimiento conservador cercano al partido Republicano) entrando a supermercados o lugares públicos sin las medidas de bioseguridad como forma de protesta política.

Más allá de lo llamativo de las protestas o de la dificultad de poder entender estos actos, muchas veces un poco extremos, entramos a una etapa de valoración. Los Gobiernos en Europa están tomando la decisión de permitir el ingreso a establecimientos nocturnos y restaurantes (que se podrían expandir a teatros, cafés, tiendas, almacenes, etc) solo para personas vacunadas o con pruebas PCR negativas. 

Este “Pase Verde” (Green Pass) es una realidad. Esto pondrá a los antivacunas de la COVID-19 a decidir. Las alternativas son pocas: o realizarse una prueba PCR reciente u olvidarse de entrar a restaurantes y comercios. Evidentemente, los gritos por discriminación para los no vacunados ya se escuchan y muchos expertos en derecho en los diferentes países se queman las pestanias intentando definir qué prima: las libertades individuales de no vacunarse o la salubridad pública de una vacuna que, por efectiva que ha demostrado ser, tampoco es 100% confiable.

El debate queda: 

Ahora, muchos otros Gobiernos y sociedades también han discutido y estudiado la posibilidad de una vacunación obligatoria. Pero iría en contra de muchas leyes y constituciones a nivel global. La vacunación forzada (o semiforzada) se ha aprobado en varios países para grupos en específico: empleados de ancianatos, personal de salud, entre otros. No es completamente obligatoria, pero si se quiere mantener el empleo, se deberá vacunar.

Ante este panorama, la alternativa más difícil, pero menos violenta, será siempre la de la educación. No se podrá obligar a nadie a vacunarse, pero tendremos que lograr convencerlos y desmentir la enorme cantidad de noticias falsas y sin sustento que recorren el internet. Las teorías del chip de Bill Gates o del 5G deberán ser combatidas con pedagogía.

¿Llegaremos a un panorama en el que existan discotecas, bares, cafés, colegios, universidades, etc. para personas vacunadas y otros para los no vacunados? Definitivamente, todos los países del mundo deberemos tomar postura y decidir hasta qué punto la sanidad pública sobrepasará la libertad de decir en cada persona. Ambas posturas tienen argumentos fuertes a favor y en contra. ¿Cuál es su posición al respecto?