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Opinión: Venezolanos en América Latina son refugiados, no migrantes

Los refugiados venezolanos que huyen del hambre y la dictadura se encuentran con el rechazo de Gobiernos y población latina.

Población venezolana en una terminal de transporte

En el día internacional de los Refugiados, el mundo es testigo de diversas crisis migratorias causadas por catástrofes naturales, guerras o dictaduras. Foto: Reuters

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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En el día internacional de los Refugiados, el mundo es testigo de diversas crisis migratorias causadas por catástrofes naturales, guerras o dictaduras. Latinoamérica es en estos momentos el epicentro del peor movimiento migratoria de nuestra historia, los migrantes venezolanos que huyen de la dictadura chavista que ha traído miseria, hambre e inseguridad. Pero acá el lenguaje migratorio a lo mejor nos hace pensar que los venezolanos llegan porque se cansaron de sus playas y del calor y por eso tomaron camino a otras latitudes. No, acá estamos viendo millones de refugiados por el hambre y la dictadura, no es ni más, ni menos.

Varios países hermanos han recibido con humanidad a varios de estos millones de refugiados. Sin embargo, el rechazo, la discriminación y la xenofobia parece cada vez más descarada. En lo últimos meses hemos visto campañas políticas en las que culpan a los venezolanos de traer delincuencia a nuestros países, como si nosotros antes fuésemos un remedo de países nórdicos en donde vivir era sencillo.

La misma pandemia, que golpeó tanto al mundo, también fue mucho más dañina para los sectores más vulnerables, entre ellos, los venezolanos migrantes. En Colombia, donde la mayoría de venezolanos trabaja en el sector informal, a penas llegó la COVID-19 y se comenzaron a decretar medidas de cuarentena, los que en su momento llegaron caminando al país se debieron ir de la misma manera. Su condición de pobreza, informalidad (vivir del día a día), de no contar con redes familiares, viviendo del arriendo y con menos acceso a los apoyos gubernamentales, los dejó a la deriva, sin ayudas y con la única alternativa de buscar un poco de ayuda en su ya dañado país donde el presidente Maduro los recibió tachándolos como "armas químicas enviadas desde Bogotá".

No hace mucho, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, líder del Partido Verde, de centro-izquierda y que mantiene un discurso progresista, criticó a los venezolanos insinuando que la delincuencia en la ciudad ha aumentado desde la llegada de la ola migratoria. Sin embargo, las cifras oficiales no sustentan este discurso, ya que a pesar de que efectivamente hay migrantes que comenten delitos, el porcentaje es ínfimo con respecto a otras poblaciones.

Otro claro ejemplo de este "progresismo" es en Perú, donde, además de tener una de las campañas con mayor discurso xenófobo en la historia, el "presidente electo" (que aun no se define su victoria), Pedro Castillo, afirmó que los migrantes que comentan actos de delincuencia tienen 72 horas para salir del país. Nuevamente, es un discurso que pretende culpar de un fenómeno típico de las ciudades latinoamericanas con raíces en la desigualdad a los migrantes venezolanos. Si es verdad que hay inmigrantes que cometen delitos, se les deberá judicializar, mas no lanzar discursos que lo que hacen es reforzar la discriminación a una población vulnerable.

Pero lo más fuerte es que la discriminación no es solo un discurso político. Además de cientos de videos en donde se evidencia el trato discriminatorio, xenófobo y violento a los venezolanos, también se ven varios casos de agresiones físicas. Recientemente un joven venezolano recibió una golpiza mientras trabajaba en un supermercado de Argentina. 

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Entonces, hoy, para conmemorar el día de los refugiados, sería oportuno que todos los latinos seamos conscientes de que la migración venezolana es una crisis humanitaria y migratoria. Primero, se deberá insistir como bloque para que los organismos internacionales presten ayuda necesaria para los migrantes, ya sea en las fronteras con Colombia o Brasil, pero también para que puedan tener apoyo a penas llegan a su destino final.

También se debe rechazar cualquier tipo de medida legal que intente evitar o dificultar la recepción de refugiados. El camino que ha optado Colombia es el indicado. El presidente Iván Duque ya prometió que regularizará la estadía de los venezolanos en Colombia. Adicionalmente, no se le ha impuesto ningún tipo de barrera legal o física para la llegada de migrantes (exceptuando cierres de la frontera por temas políticos o de sanidad). La llegada y la acogida de los refugiados venezolanos debe ser un tema prioritario en todo el continente y debemos ser conscientes de que esto es una necesidad humanitaria. Adicionalmente, es momento que como bloque, también le pidamos aumento en recursos y apoyo logístico a ACNUR y ONU. Si Estados Unidos mantiene sus bloqueos a Venezuela como medida de presionar un cambio democrático en el país, también tiene que se consciente de que esto aumenta el flujo migratorio en toda la región y por ende, deberá aumentar la colaboración económica para los Gobiernos que más refugiados estén recibiendo.