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¿El hartazgo de la cuarentena lleva a desobedecer restricciones?

La fatiga pandémica provoca distintas alarmas ante el posible aumento de los casos de contagios.

Mujer recostada en una ventana

Pese a que el virus aún está presente, las personas experimentan fatiga pandémica. / Foto: Pexels

LatinAmerican Post | Ariel Cipolla

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Read in english: Does being fed up with quarantine lead to disobeying restrictions?

El mundo continuó girando, incluso durante esta época de coronavirus. Algunos países decidieron imponer mayores o menores restricciones sanitarias, pero hay un común denominador: el cansancio ante esta situación, que varía según, justamente, lo que haya ocurrido en cada territorio.

Desde The New York Times lo catalogan como la “fatiga pandémica”, que complica el aumento de los casos de coronavirus. Básicamente, los casos podrían estar disparándose debido a un hartazgo de la población, que agotada e impaciente, asume nuevos riesgos y tiende a descuidarse, a veces rompiendo los protocolos o “abusando” de las libertades.

Ante este cansancio, muchas personas toman decisiones que escalan el número de contagiados, generando, paradójicamente, un encierro. Por ejemplo, desde Télam notificaron que Irlanda “volvió a la cuarentena” por la segunda ola de coronavirus. Veamos, entonces, qué es lo que implica el cansancio del encierro que generaría “romper” la cuarentena.  

El hartazgo de la cuarentena

El medio CNN lo refleja a la perfección, diciendo que en Europa llegó una “segunda ola de COVID-19”. Al mismo tiempo, se preguntan qué es lo que sucedió mal para que esto ocurriera en ese terreno, aunque, en realidad, se trata de una problemática mundial: la gente está cansada de tener que restringir sus vidas.

La propagación del virus todavía sigue. Como no llegó la vacuna, los distintos gobiernos del mundo están ante la difícil tarea de equilibrar la economía, la salud y el bienestar mental de las personas. Es justamente en este último punto en el que, de una forma u otra, las personas están comenzando a salir más, incluso aunque vaya en contra de las normas.

Por ejemplo, desde LM Neuquén indican que existen personas que “desafían a las pandemias”. O sea, deciden poner en riesgo sus propias vidas para salir, incluso aunque las normas sanitarias no lo permitan. Sin embargo, también sucede que se permiten distintas situaciones, pero la gente, como pasó tanto tiempo, dejó de alarmarse tanto y está recuperando su “vida habitual”.

Al comienzo de la cuarentena en Argentina, por ejemplo, se dio a conocer que incluso los famosos rompían con las restricciones. La web de AS informaba que acusaron al futbolista Marcos Rojo de jugar al paddle con los amigos. Es decir, una actividad que no estaba permitida por el gobierno de Alberto Fernández.

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Ante estas situaciones, mostradas en los medios, pareció generarse una sensación de que “todo el mundo está volviendo a hacer su vida habitual”. De ahí a que, según informa El Popular, los principales argumentos para romper la cuarentena sean las “visitas a amigos y familiares”, que provocan excusas de incumplimiento con los decretos presidenciales.

En esta misma línea, desde Infobae mencionan el caso de Argentina citando al neurocientífico argentino Facundo Manes, que retrata que no se puede tener una “cuarentena eterna”. Si se generasen distintas habilitaciones, es posible que la gente únicamente salga cuando los gobiernos lo permiten, evitando esa sensación de que “se puede hacer lo que se quiere” debido al acostumbramiento, incluso aunque se tenga que romper con las normativas.

De ahí a que, por ejemplo, El Destape Web advierte que el incumplimiento de las medidas sanitarias pise fuerte entre los jóvenes. Si bien existe una gran cuota de falta de miedo, también se genera un hastío que elimina las alarmas y lleva, no solamente a abusar del recurso de las salidas permitidas, sino también de generar algunas situaciones peligrosas.

Esto lleva a que, según informa Misiones Online, lleguen incluso a generarse “fiestas clandestinas”, provocando un aumento en los contagios. De ahí a que el hartazgo social por las medidas gubernamentales y la aparición del propio virus puedan ser los desencadenantes de los aumentos de los casos. Encontrar el equilibrio entre lo social y la salud puede ser la clave de todo esto.  

 

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