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Mujeres Latinoamericanas frente a los desafíos tecnológicos, ¿estamos preparadas?

¿Qué estamos viviendo? ¿Cómo vamos a enfrentarlo laboralmente?.

Mujer usando un computador portátil

Las mujeres latinoamericanas se preparan para desarrollar oportunidades en el mercado laboral. / Foto: Pixabay

The Woman Post | Maria Lourdes Zimmermann

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Read in english: Latin American women facing technological challenges, are we ready?

¿A qué nos enfrentamos las mujeres con las dos grandes tendencias tecnológicas que están transformando drásticamente la manera en la que trabajamos y en la que vamos a trabajar en un futuro?

La automatización y las plataformas de intermediación son esos dos cambios y es claro que las mujeres estamos en situaciones apenas en camino de desarrollar.

Cualquiera pensaría que es una exageración y que hoy muchas mujeres llegan a trabajar cada vez más en tareas que eran realizadas mayoritariamente por hombres , en tareas que justamente tienen que ver con automatización con actividades realizadas por robots, por  softwares o máquinas y es cierto, un ejemplo es el gran equipo de trabajo para llevar la misión Perseverance a Marte dirigido por mujeres, que trabajan con la automatización de procesos en la Agencia Aeroespacial de la Nasa, ellas ilustran ese cambio laboral ¿ Pero, cuántas como ellas?

Buscando respuestas me encontré con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo que se llama: El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: ¿cómo será el mercado laboral para las mujeres?, en el que se detalla la situación y el futuro laboral de las mujeres frente a varios escenarios, teniendo en cuenta el impacto de los cambios tecnológicos.  

El informe define nuestras vulnerabilidades desde tres condiciones. La primera es la baja participación laboral; seguido de la segregación horizontal, que es la desigualdad de distribución laboral entre hombres y mujeres en ciertas áreas de estudio u ocupaciones; y la segregación vertical, que es la dificultad que enfrentan las mujeres para acceder a puestos directivos.

Hasta ese punto no hay nada nuevo, es la misma historia hoy reconocida por todas, problemas que empiezan en la infancia y continúan hasta la juventud, normas culturales y sociales que fomentan que desarrollemos labores relacionadas con el cuidado como la educación, salud o el servicio doméstico; mientras que a los hombres se les estimula a elegir áreas más matemáticas y técnicas, como la ingeniería o la computación.

Esto claramente afecta lo que estudiamos, lo que elegimos y eventualmente, dónde terminamos trabajando. En América Latina y el Caribe, las mujeres representan el 60% de los graduados universitarios, pero solo representan el 30% de los graduados en carreras STEM, que son aquellas relacionadas con ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Por otro lado, mientras el 30% de las mujeres se vinculan a sectores de cuidado como educación, salud, servicio doméstico, solo el 6% de hombres lo hacen, esos datos los entrega el estudio del BID.

Lo anterior nos sumerge en un mundo que nos hace más vulnerables, ya que muchos de los trabajos mejores pagados y menos propensos a ser reemplazados por la automatización se encuentran en las áreas de STEM.

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“Los datos para cuatro países de la región (Argentina, Brasil, Chile y México) muestran que entre las 20 habilidades más demandadas por los empleadores, la mitad están vinculadas directamente con el desarrollo de tecnología. Además, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos pronostica que los oficios de estadística, desarrollador de software y matemáticas, crecerán en un 34%, un 31% y un 30% para 2026, respectivamente, pero las mujeres no estamos eligiendo esas actividades.

Tanto la automatización como las plataformas de intermediación, representan un cambio en la manera en la que se contrata a trabajadores y ambas abren nuevas oportunidades y riesgos para ellos.

La automatización hará irrelevantes muchos puestos de trabajo y generará otros nuevos, primordialmente en áreas de programación, análisis de datos o en áreas difíciles de emular por máquinas, como empatía o creatividad. Por otro lado, la economía gig hace más flexible el trabajo, pero también lo hace más precario; estas plataformas no tienden a ofrecer derechos sociales como seguro médico, pensiones o vacaciones.

Otras de las dificultades que enfrentamos es la de acceder a puestos directivos en el campo laboral.

El estudio del BID  me sorprende cuando muestra que en la región apenas el 20% de los cargos de alta gerencia en administración pública y el 4,2% de los directores ejecutivos de empresas que cotizan en bolsa son mujeres. Además, de 14.412 compañías analizadas, solo el 21,4% tiene alguna mujer en puestos de alto rango y, cuando alcanzan algún puesto directivo, tienden a estar involucradas en roles de apoyo como directoras de recursos humanos o directoras financieras.

Las tendencias tecnológicas nos están afectando a ambos, tanto hombres como mujeres tenemos que prepararnos para el cambio y las instituciones educativas de Latinoamérica igual, son ellas las llamadas a ofrecer las posibilidades de preparación de todos, el problema es que como mujeres no estamos desarrollando esas habilidades cuantitativas avanzadas porque mentalmente pensamos que no es lo nuestro y que no tenemos el espacio para estar donde queremos y podemos estar.

Actualmente, la brecha de género laboral en la región de América Latina y el Caribe es una de las más altas del mundo. A pesar de los avances en la participación laboral femenina en los últimos 50 años, en los que ha llegado al 58%, aún se encuentra muy por debajo de la masculina, que ronda el 82%, y la tasa varía mucho por país; la menor participación laboral femenina de la región está en Guatemala (39%) y la mayor en Uruguay (70%). La mayor flexibilidad y fácil acceso podrían beneficiar a aquellas mujeres que cuidan de familiares o hijos a acceder al mercado laboral, según concluye el estudio. 

Para cambiar la situación me identifico con lo que propone el BID. Lo primero es promover la educación continua en tecnología, tanto en áreas básicas como avanzadas, y en las llamadas habilidades del siglo XXI, como la creatividad, resolución de conflicto y empatía. La segunda es replantear la infraestructura de protección social para que incluya a aquellos trabajadores que lo hacen desde ubicaciones remotas o entornos más flexibles. Y la tercera es mejorar la calidad de los empleos en los sectores de atención, educación y salud, para que incluyan protección social, brinden estabilidad económica y ofrezcan una movilidad ascendente.

Ellos están generando sus aportes para romper los estereotipos de género negativos sobre las carreras STEM que empiezan en la infancia, y este aporte ataca uno de los problemas, porque se aliaron con Plaza Sésamo para crear la campaña “Pequeñas Aventureras”, una iniciativa de comunicación masiva que busca estimular el sentido de pertenencia de las niñas con las matemáticas y las ciencias.

Así, se empiezan a cambiar mentalidades para que podamos por lo menos educar a las nuevas generaciones en la importancia de asumir el futuro que estamos viviendo y que las mujeres y los hombres tengan igual número de oportunidades. El mundo es de quien se prepara para vivir en él y las mujeres tenemos todo para compartir 50, 50 ese mundo con los hombres. El futuro es ahora.

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