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Tradición de mutilación genital femenina debe acabar, según ONU

Un total de 200 millones de mujeres y niñas se han visto afectadas por la mutilación genital femenina y 4.1 millones están en riesgo para 2020.

Mujer africana cargando un niño

La mutilación genital femenina ha sido una práctica difícil de erradicar en África. / Foto: Pixabay

The Woman Post | Maria Lourdes Zimmermann

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El informe del Estado de la Población Mundial 2020 elaborado por el Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas ONFPA, publica las cifras y UNICEF recoge algunas historias que muestran la crueldad de una práctica centenaria y salvaje que hoy, muchas mujeres en África luchan por erradicar.

Mariam Kako nació el 13 de abril de 1986 en Arhiba, un suburbio de la ciudad de Djibouti, en francés o Yibuti, ubicado en el cuerno de África al Este, que limita con Eritrea y Etiopia.

Con solo cinco años, Mariam fue sometida a la mutilación genital femenina, una práctica que se constituye en una violación de los derechos humanos. “Me acuerdo de todo; recuerdo cada detalle de ese día, de esos momentos”, asegura en el relato que le hace a UNICEF.

Su trauma permanece vivo, como si fuera ayer; “Sigue todo en mi cabeza: dónde ocurrió, quién me sujetaba, y también cómo lo disfrazaron todo con una fiesta con regalos y música”. La mutilación de su clítoris era una celebración en su comunidad, para ella, era una agresión inolvidable y dolorosa que la marcaría a su corta edad y le daría el valor para luchar por cambiar la situación.

A Mariam le extirparon el clítoris y los labios mayores y menores con una cuchilla. A continuación, cosieron con puntos los dos lados dejándolo prácticamente cerrado. Este es el más común de los tres tipos de mutilación que se practican en Djibouti. Y aunque la práctica es ilegal desde la década de 1980, era y sigue siendo una tradición que la mayoría de grupos étnicos del país realizan.

Los Afar,un pueblo indígena de la comunidad de los Cusita, que habitan en el cuerno de África, practican la mutilación genital femenina unas semanas después del nacimiento, y la mayor parte de la etnia somalí suele hacerlo justo antes de la pubertad, hasta los 15 años.

El informe de Estado de Población de la ONFPA que se elaboró durante las fases iniciales de la pandemia, fue dado a conocer recientemente y las cifras revelan que en algunos países, esta práctica sigue siendo tan común hoy, como hace tres décadas. Más del 90% de las mujeres y las niñas de Guinea y Somalia por ejemplo, son sometidas a alguna forma de mutilación o ablación genital en un acto cruel y despiadado para sus protagonistas.

La Mutilación genital infantil es un procedimiento invasivo que conlleva la ablación parcial o total de los genitales externos de la mujer u otras lesiones en los órganos genitales sin causa médica. El procedimiento se practica en la mayoría de los casos en niñas, entre la primera infancia y los 15 años, revela el informe.

Una de las cifras que llama la atención, es la vinculación de médicos, personal de enfermería y partería en esta práctica que la ONU lucha por erradicar en el mundo. Se calcula que 52 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la mutilación genital femenina con ayuda de personal médico bajo la aprobación y aceptación de la práctica por parte de los familiares de las victimas. Madres mutiladas, permiten lo mismo en sus hijas, por tradición.

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“Día tras día, cientos de miles de niñas de todo el mundo son sometidas a prácticas que les causan daños físicos o psicológicos o ambos, con el conocimiento y el consentimiento pleno de sus familias, amigos y comunidades” confirma la ONFPA.

Para la organización, “Esas prácticas reducen y limitan en las niñas y mujeres su capacidad para participar plenamente en la sociedad y desarrollar todo su potencial”. “Las consecuencias se propagan por toda la sociedad y apuntalan los mismos estereotipos y la desigualdad de género que motivaron aquellos actos tan perjudiciales”.

Las prácticas nocivas son a menudo herramientas de control sobre la sexualidad y la fertilidad de las mujeres. En muchos lugares se piensa que la mutilación genital femenina suprime la sexualidad en las mujeres, previene la infidelidad o mejora el placer sexual de los hombres. A pesar de que a veces se considera una obligación religiosa, tal opinión sirve para “Enmascarar el propósito fundamental, que es controlar la sexualidad de las mujeres”, afirmó la Dra. Hania Sholkamy, antropóloga del Centro de Investigación Social de la Universidad Americana en el Cairo, que fue entrevistada para el informe.

La meta para la Organización de las Naciones Unidas ONU es eliminar la práctica para  2030, los progresos para ponerle fin deben ser al menos 10 veces más rápidos, teniendo en cuenta que sólo en el 2020, 4.1 millones de niñas y mujeres se enfrentan al riesgo de sufrir la mutilación genital femenina.

 

 

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