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El Huáscar, una disputa entre Chile y Perú con 135 años de historia

Huáscar es el nombre de uno de los últimos Incas, como se le conocía a los soberanos del imperio incaico que habitó Suramérica desde el sur de lo que hoy conocemos como Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Chile.

Reliquia histórica y museo monitor Huáscar fondeado frente a la base naval de Talcahuano.

Reliquia histórica y museo monitor Huáscar fondeado frente a la base naval de Talcahuano. / Foto: huascar.cl

LatinAmerican Post | Alberto Castaño

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Pero ese nombre, de suprema importancia para la historia, también es la manzana de la discordia por casi siglo y medio entre Chile y Perú.

El Huáscar es un navío que participó en la Guerra del Pacífico, librada entre Perú, Chile y Bolivia entre 1879 y 1884 en la que este último perdió su salida al mar después de haber ocasionado el conflicto faltando a los tratados económicos con los chilenos. Como se dice tradicionalmente, los bolivianos “fueron por lana y salieron esquilados”.

Pero hoy, 135 años después de terminada la guerra, todavía quedan rencillas y diferencias entre peruanos y chilenos por este buque que es un recuerdo de los tiempos de guerra entre las tres naciones.

Construido en 1865 es considerado el segundo blindado más antiguo del mundo que aún se mantiene a flote. Hoy es un museo flotante al que asisten más de 150 mil personas cada año para conocer la historia que encierra.

Fondeado frente a las costas de Talcahuano en el sur de Chile, el Huáscar inició su participación en la guerra con bandera peruana y la terminó bajo bandera chilena. Virgilio Acuña Peralta, congresista peruano, todavía reclama la repatriación de la reliquia de guerra, pero otras veces tiene ideas menos convencionales, como hacer una ceremonia en la frontera entre los dos países y hundir el Huáscar.

No sólo es un viejo acorazado que rememora la participación de la tripulación peruana que lo perdió en batalla. Fue, además, el escenario de importantes acontecimientos que inclinaron la balanza de la guerra a favor y en contra dependiendo de las manos que se asieran a su timón.

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Arturo Prat, héroe chileno, cayó muerto en la cubierta del Huáscar, luego que la corbeta ‘Esmeralda’, que comandaba, quedara atrapada en el fuego cruzado entre el buque peruano y las fuerzas en tierra en Iquique, puerto que la ‘Esmeralda’ pretendía bloquear.

Cuando la corbeta empezó a zozobrar, el capitán Prat ordenó a la tripulación intentar abordar el Huáscar, siendo él mismo uno de los primeros en saltar a su cubierta encontrando de frente un disparo en su cabeza que acabó instantáneamente con su vida. Hoy, en aquella cubierta, existe un monumento en el lugar exacto en el que cayeron sus restos inertes.

Pero no fueron los chilenos los únicos que perdieron a un héroe de guerra en el Huáscar, también los peruanos sufrieron una de las bajas más sensibles y que llevaría  a la postre a declarar ‘El Peruano del Milenio’ al viejo comandante del blindado navegante. El Almirante Manuel Grau, hijo de un coronel colombiano nacionalizado peruano, se convirtió en el dolor de cabeza de los chilenos quienes se veían imposibilitados ante la fiereza del Huáscar.

Fue en la batalla de Angamos, el 8 de octubre de 1879, múltiples navíos cercaron al blindado peruano y lo atacaron a mansalva en una batalla sin posibilidades para los emboscados peruanos comandados por Grau. Aquel marino impecable fue llamado “El Caballero de los Mares”, pues su respeto por el enemigo le hizo ganar respeto no sólo entre sus propios hombres, también entre sus adversarios, pues uno de los gestos más respetuosos que tuvo, fue enviar los restos de Arturo Prat a su viuda en Santiago cuando éste intentó infructuosamente tomarse el Huáscar luego de hundida La Esmeralda.

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Al parecer fue un cañonazo el que lo alcanzó en el puesto de mando cegando la vida del almirante, despedazándolo y dejando como único vestigio de su existencia, media pierna, desde la pantorrilla hasta el pie cubierto por un botín de su uniforme. Para él también se erige un monumento en la cubierta del buque en la actualidad.

Sus restos permanecieron más de 80 años en territorio chileno, hasta que por fin el 13 de julio de 1890 retornaron a su natal Perú para encontrar en su tierra el descanso eterno.

Y mientras los restos de cada uno de los héroes, peruanos y chilenos, reposan por la eternidad en la historia de las dos naciones, el Huáscar seguirá fondeado a pesar de los deseos peruanos, frente a las costas de los chilenos como uno de los botines de guerra más apreciados de todos los tiempos de la historia de nuestra América Latina.

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