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Restaurante Interno: una segunda oportunidad para reclusos

La cárcel de mujeres de San Diego en Cartagena se convierte, todas las noches, en un taller de cocina abierto al público.

Restaurante interno de la cárcel de mujeres de San Diego en Cartagena

Restaurante interno de la cárcel de mujeres de San Diego en Cartagena. / Foto: LatinAmerican Post

LatinAmerican Post | Juliana Suárez

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La cárcel de mujeres de San Diego en Cartagena se convierte, todas las noches, en un taller de cocina abierto al público. Paredes rosadas, pompones que cuelgan en las rejas, cortinas, sillas, servilletas. Todo es rosado en el Restaurante Interno. 

En el día es un lugar más de talleres donde las internas hacen todo tipo de actividades, desde artesanías, tejer, clases de informática y de yoga. Pero en las noches, la casa taller interno recibe a 25 mujeres que pasan su tiempo en la cárcel atendiendo uno de los mejores restaurantes de la icónica ciudad costera de Colombia.

Detrás de un telón rosado está la realidad de 25 internas de la cárcel de mujeres de San Diego en Cartagena. Pero, mientras tanto, por unas horas al día, se convierten en meseras y cocineras que atienden este restaurante que cumple 3 años en diciembre.

Al asomarme a echar un vistazo rápido por ese telón, veo la realidad de las reclusas: barrotes y una sala en la que pasan la mayoría de sus días mientras esperan regresar a la libertad. El color rosa deja de primar y el blanco de las paredes, las celdas y el piso comienzan a crear una sensación, irónicamente, de oscuridad; de encierro. Viendo eso es fácil entender porque esas pocas horas en las que se convierten en responsables de un restaurante son tan importantes para sus procesos personales.

Al entrar, una mujer está sentada leyendo, esperando a que la jornada comience, a las 7 de la noche. Isabel Montaño lleva 4 años en la cárcel, de los cuales ha estado los casi 3 años que lleva el restaurante, trabajando allí y ahora le falta un año para terminar de cumplir su pena.

Montaño baja su libro al ver una desconocida merodeando por las mesas cuando aún el restaurante no está abierto al público. Ella es la encargada de organizar la entrada, por eso sale antes que las demás y comienza a organizar. Empieza a contar que cada año van rotando las reclusas, para que más tengan la oportunidad de participar en el restaurante. Mientras tanto, las que no, puede hacer parte de las otras actividades que también incluyen ganancias y beneficios para ellas.

Unos minutos después, al haber interrumpido la lectura que ya no podrá reanudar porque ya están saliendo las demás internas a terminar de organizar, comienza a organizar el mostrador que hay en la entrada. Allí, muestran otros de los trabajos que hacen en los demás talleres: collares, ropa y carteras que durante la noche venden en la entrada del restaurante.

Johana Bahamón, la actriz colombiana, llegó a la cárcel en octubre de 2016, en búsqueda de fortalecer la Fundación Acción Interna, dedicada a la resocialización y dignificación de los presos en Colombia. 

Mientras grababa la novela Tres Milagros, que contaba la historia de tres mujeres que recurren a la vida del crimen, fue, junto con el elenco, invitada a un evento en una cárcel de mujeres en Bogotá. Allí, comenzó a enamorarse del tema y decidió dejar de lado su carrera en la actuación para comenzar la Fundación Acción Interna y crear programas de todo tipo dentro de las cárceles para ayudar a las personas privadas de la libertad.

Lea también: Agencia Interna: la primera agencia de publicidad dentro de una cárcel

Ha sido un proceso conjunto con el Ministerio de Justicia, pues la idea es lograr una verdadera reinserción de las personas privadas de la libertad cuando puedan salir y que tengan una segunda oportunidad. Para ello, con sus otros proyectos que incluye incluso una agencia de publicidad al interior de la Cárcel La Modelo para hombres, en Bogotá, ha logrado que el trabajo se les recompense con beneficios como que tengan acceso a una revisión y reducción de la pena y bonos para los familiares.

Además, la formación que les brinda la fundación ha permitido que al salir consigan empleos y tengas posibilidades de prosperar, cosa que normalmente se complica con el solo hecho de haber estado en la cárcel. Por ejemplo, en el caso del restaurante, muchas salen con habilidades ya sea de cocina o de atención al cliente. Para ello, la fundación tiene alianzas con otros restaurantes para que puedan comenzar a trabajar allí una vez estén en libertad. “Es muy bonito ver cómo muchas de las que han salido de la cárcel San Diego en estos años ya tienen trabajos en buenos restaurantes en Cartagena, otras han abierto sus propios lugares”, dice Johana Bahamón.

Rosa Vergara es actualmente la jefe de cocina. Con un hijo en la distancia, aprovecha al máximo sus días en el Restaurante Interno para poder salir pronto de allí y volver a verlo. Ella no es de Cartagena sino de otro pueblo en la costa caribe colombiana, y por dificultades económicas, su hijo no ha podido visitarla en los años que lleva en la cárcel. Pero eso ya no le afecta tanto, porque lo aprendido allí ha sido mucho mejor.

–No todo es color de rosa como lo pinta, literalmente, la decoración– dice Rosa desde el otro lado de la cocina, separado por una puerta de barrotes blancos–. Al fin y al cabo estamos en la cárcel. No puedo cruzar un límite que es esta puerta y eso ya es perder la liberad.

Ella ingresó años atrás por concierto para delinquir, por apoyar a su pareja del momento y el papá de su hijo. Y aunque, claro, se arrepiente del delito, no se arrepiente de que la vida la haya llevado hasta allá. Con una sonrisa y ojos tímidos, quizás por vergüenza de aceptar que vive bien en la cárcel, dice que ahora tiene todas las herramientas para salir y ser una buena madre, hija, ciudadana y, además, una excelente cocinera. 

En las conversaciones, recurrentemente salía la palabra “dignificación”. Podría parecer un discurso aprendido, una charla motivacional. Pero los ojos se les iluminaban cada vez que dicen la palabra, que para ellas es sinónimo de segundas oportunidades. 

–Es un gran proyecto, sobre todo dignificante- dice Isabel, como si su vida hubiera dado un vuelco desde 2 años atrás. Como si una persona renaciera y volviera a comenzar después de malas decisiones, de rechazos y decepciones-. El tiempo en la cárcel nunca es fácil, pero la fundación hace que se pase el día más rápido y el tiempo es más amigable.

La Fundación Acción Interna, con uno de sus más ambiciosos proyectos como lo es la Casa Taller/Restaurante Interno, ha logrado ir formando las bases de un programa de resocialización que haga de las cárceles en Colombiana un lugar de aprendizaje donde los internos tengan la posibilidad de crecer y poder volver a la vida laboral y social una vez hayan cumplido su condena.

–Errores cometemos todos, pero solo unos pocos tienen oportunidad para remediarlos y no debería ser así– termina Bahamón.

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