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'Domingo de Revolución': La voz cubana desde el in-xilio

En el momento de transición que vive Cuba tras más de cinco décadas de Revolución, la escritora disidente Wendy Guerra expone a través de una novela de ficción la situación de varios artistas cubanos victimas del ostracismo, el exilio y la censura.

Portada del libro

Portada del libro "Domingo de Revolución" de Wendy Guerra. / Tomado de: anagrama-ed.es

LatinAmerican Post | Alejandra Guijo

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Wendy Guerra es una escritora y poeta cubana nacida en 1970 en La Habana. Desde muy pequeña tuvo una relación muy cercana con el mundo artístico gracias a su madre Albis Torres, poeta conocida por grandes minorías de la cultura cubana que disfrutaron de su posición en contra del régimen y de su estimulante escritura. 

El libro Domingo de Revolución escrito por Guerra en el año 2016 puede considerarse su obra con mayor contenido crítico contra el régimen castrista, lo que ha hecho que aún no haya sido publicado en el país. Esta novela, al igual que la mayoría de sus obras, tiene varios elementos autobiográficos; la autora ha señalado que su literatura proviene de la ficcionalización de diarios que ha escrito desde su infancia.

Por su posición transgresora y crítica, Guerra es considerada por muchos como una de las escritoras disidentes del castrismo que aún reside en la isla, ella asegura que para hacer crónicas de Cuba en sus libros debe permanecer en el país.

La autora construye un relato de nación desde la isla atravesado por los cambios que se están dando actualmente y los resultados de más de cincuenta años de Revolución, mostrando a la comunidad cubana que tiene un pasado común y que tras un proceso revolucionario se encuentra en un momento de transformación. 

Domingo de Revolución narra una historia de ficción que pone en evidencia las hostilidades de la relación entre Cuba y Estados Unidos y muestra cómo el contexto actual es depositario de las hostilidades que se dieron durante la Guerra Fría entre ambos países. En la narrativa se observa cómo la influencia soviética sigue atravesando la nación cubana, incluso después de casi tres décadas de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. 

El libro expone la manera en la que la nación cubana entró en una suerte de misterio atemporal a partir de la Revolución, debido a que el castrismo hizo que Cuba se detuviera en el tiempo, resignificando así muchos espacios. Guerra narra cómo el gobierno buscó que muchos de los lugares tomaran un significado diferente desde la década de los años sesenta, ejemplo de ello son las casas de la clase alta, que quedaron en manos de los líderes revolucionarios.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Además, la autora expone que a pesar de que el gobierno buscaba romper con la idea de las clases sociales, lo que se logró fue continuar beneficiando a los grandes círculos de poder en la isla.

 A lo largo de la historia, es posible percibir que en Cuba el espacio nacional se ha transformado por la estatalización de lo privado, no sólo en el ámbito económico, sino también en la vida íntima. El gobierno se convirtió en el agente que decidía sobre la vida de los ciudadanos y se ha encargado de crear ciertos parámetros para juzgarlos y acusarlos por sus acciones, basándose un discurso binario altamente influenciado por la idea del enemigo común estadounidense. 

Wendy Guerra centra la novela en el espacio habanero, sin hacer mayor referencia al espacio rural de la nación, a pesar de que reconoce que la situación que se vive en La Habana es muy distinta a la que se da en el campo. Vale la pena resaltar este aspecto, ya que para gran parte del turismo extranjero, la Habana se ha convertido en una suerte de metonimia de toda Cuba. Esto ha llevado a que se olviden otros espacios que se habitan en la isla, que poseen realidades específicas de opresión y resistencia más allá de los que se viven en la capital cubana. 

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En Domingo de Revolución emergen los rasgos militares del régimen de forma repetitiva, lo que muestra cómo la política, la economía y la sociedad cubana han sido construidas bajo una sombra de la violencia militar. Cuba, se convirtió en una nación militarizada que comparte un pasado lleno de injusticias, en muchos casos los militares jugaban el papel de victimarios, pero también de víctimas de un sistema al que temían oponerse.

La autora señala que el objetivo de muchas de las acciones realizadas por el gobierno era eliminar cualquier rastro de una comunidad heterogénea, para construir unidad nacional, un pueblo uniformado.

Los rasgos de esta militarización llegan hoy en día incluso a impactar la estética cubana, fuertemente marcada por la herencia soviética que buscaba abolir cualquier tipo de excentricidad. Sin Embargo, Guerra se centra en describir cómo la Revolución quiso construir una nación ausente de belleza, en la que se buscaba generar unidad a través de la igualdad, acabando con la individualidad y despojando a los cubanos de libertad sobre su cuerpo y estética. 

En esta novela, Wendy Guerra evoca la censura que vivieron los escritores cubanos en la década de los sesenta y setenta. La autora pretende romper con esa nación condenada al anonimato y a la represión, homenajeando a los intelectuales silenciados en su país como Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla y José Lezama Lima.

A pesar de que la violencia contra algunos escritores disidentes ha disminuido en términos de agresiones fisicas, se siguen implementado algunos métodos de persecución. En esta novela Wendy Guerra denuncia cómo aún hoy en día los intelectuales y escritores siguen viéndose afectados por los discursos que construyó el gobierno, dejándolos en las márgenes y llevándolos al anonimato. 

A través del personaje de Cleo, la autora logra reflejar los rasgos de su experiencia como escritora que no es reconocida en Cuba y la manera en la que el gobierno se ha encargado de invisibilizar a los intelectuales incomodos para el régimen.

Por otro lado, en el libro es posible percibir los rasgos de un gobienro que causó sufrimiento a gran parte de la población, muertes y actos violentos cometidos con el objetivo de homogenizar a la sociedad. Esta situaciación no sólo se ve en Cuba, si no también en diferentes países latinoamericanos en la actualidad, en los que la segregación, los ataques a la diversidad y a la libertad de expresión han generado incontables migraciones forzadas y han cobrado la vida de muchas personas. 

Finalmente, a través de Domingo de Revolución Wendy Guerra muestra lo decisiva que fue la relación de Cuba con la URSS en la sociedad y cómo esto sigue impactando a los intelectuales y escritores cubanos. Esta novela expone la experiencia situada de la autora y la realidad que percibe al vivir en el in-xilio, termino que ella utiliza para referirse a su situación política y migratoria por ser una escritora disidente en el país, que no tiene la posibilidad de publicar sus obras libremente. 

"Mi alma no soportaría un exilio aunque el in-xilio no ha sido fácil, pero he sobrevivido y de eso habla mi literatura, de mi resistencia. Aquí estoy, a pesar de Cuba, a pesar de mi diatriba cubana, a pesar de mí misma".

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