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Día Mundial de la Democracia: Colombia, al borde de convertirse en un régimen

¿En serio podemos considerar a un país en el que diariamente mueren líderes políticos, se destapan más escándalos de corrupción y se censuran medios de comunicación, como una verdadera democracia?

Palacio de Nariño en Bogotá.

Palacio de Nariño en Bogotá. / Via REUTERS

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez

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Read in english: World Democracy Day: Colombia, on the verge of becoming a regime

Este 15 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Democracia, avalado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un día de gran relevancia que sirve para recordar, según este ente internacional, “que la democracia se ha de centrar en las personas”.

Una democracia deficiente

Ahora bien, para nadie es un secreto que este ítem en Colombia no es el mejor, tal y como lo demostró y explicó el Índice de Democracia Mundial (IDM) elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU, por sus siglas en inglés).

Según el EIU, para el 2018 (año del último reporte), la democracia en Colombia se podría considerar como una deficiente, al solo alcanzar 6.96 puntos de 10 posibles. Es decir que, el Estado colombiano “(…) tiene elecciones libres y justas e, incluso si hay problemas (como infracciones a la libertad de los medios), se respetan las libertades civiles básicas. Sin embargo, existen debilidades significativas en otros aspectos de la democracia, incluidos los problemas de gobernanza, una cultura política subdesarrollada y bajos niveles de participación política”.

Con todo esto, según el índice, solo 0.96 puntos separan a Colombia de ser considerado como un ‘Régimen Híbrido’, o lo que es lo mismo, un país con una democracia casi nula.

Entre los regímenes híbridos de Latinoamérica se encuentran El Salvador, Bolivia o Haití, todos por debajo de los 6 puntos en el IDM. Para el EIU, un régimen híbrido es aquel en el que “la corrupción tiende a ser generalizada y el estado de derecho es débil. La sociedad civil es débil. Por lo general, hay hostigamiento y presión sobre los periodistas, y el poder judicial no es independiente”.

Tristemente, a esto es lo que se ha estado acercando Colombia en los últimos años.

Corrupción en Colombia

A diario se escuchan en los medios de comunicación el sinfín de planes corruptos que se desarrollan al interior de la cultura política, convirtiéndose en una problemática “generalizada” en el país.

Las concesiones ilegales en la construcción de vías (Odebrecht y Carrusel de la Contratación), robos a la salud (Carteles de la Hemofilia y del Sida), desfalco al presupuesto alimenticio de los niños de bajos recursos, depósito de grandes sumas de dinero a terratenientes poderosos del país (Agroingreso Seguro) y fraude electoral (compra de votos) son algunos de los escándalos que se han destapado en Colombia, solo en la última década.

Asimismo, la corrupción en Colombia ha derivado en la delincuencia, la que a su vez se ha refugiado en el narcotráfico, financiado por grandes grupos políticos del país. Este es el centro de una guerra que ha dejado como resultado, hasta el momento, 837 civiles asesinados (líderes sociales y exguerrilleros de las FARC), desde enero de 2016 hasta mayo de 2019; esto según información del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

A esta lista también se suman los seis candidatos a las elecciones regionales del próximo 27 de octubre que, según El Espectador, desde el pasado 27 de julio han sido asesinados en territorios convulsionados por la guerra como el Cauca, las costas Atlántica y Pacífica, Antioquia y Norte de Santander, fronterizo con Venezuela.

Por supuesto, estos números reflejan que muy poco “se respetan las libertades civiles básicas” de los líderes políticos colombianos, y que las elecciones de este 2019 se encuentran en riesgo ante una sociedad colombiana conformista con la corrupción y la muerte.

“Da la impresión de que ya nada nos conmueve ni nos indigna, y que nos hemos acostumbrado a que la perversión sea nuestro estado natural. Nos estamos hundiendo en un pantano de podredumbre y es como si no pasara nada. (…) Esto se ha vuelto un estercolero. Hiede. Duele decirlo, pero hiede”, escribió en 2017, el experimentado periodista Juan Gossaín, en el periódico El Tiempo.

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Libertad de opinión

Otro de los puntos fuertes, y que se relaciona con el tema de la corrupción, es la censura que se observa en los medios de comunicación. Ejemplo de esto es lo ocurrido en las últimas semanas con Noticias Uno, el que, para muchos sectores de la sociedad colombiana es el único noticiero independiente del país.

Aunque se ha insistido en muchas ocasiones que la cancelación de este informativo está relacionada con problemas económicos al interior del Canal Uno, lo cierto es que no se puede tapar el Sol con un dedo. Noticias Uno ha sido la piedra en el zapato de varias fuerzas políticas que, sin duda alguna, han puesto su granito de arena para quitarse de encima un ‘monstruo’ que les impedía tranquilamente seguir delinquiendo.

Cabe señalar que, aunque esta problemática no es el peor de los males en Colombia, si va en aumento y de forma silenciosa, sobre todo con la parcialización de la información.

Algunos de los periodistas más importantes del país se han dedicado a defender ideologías y políticos, tanto de derecha como de izquierda, dejando de lado su verdadero papel en la sociedad: ser el cuarto poder, aquel que hace oposición a la autoridad y defiende el derecho a la total y libre información de los ciudadanos.

Muchos dirán que eso no es censura. La censura es el hecho de prohibir totalmente la reproducción de algún contenido, porque ataca directa o indirectamente los intereses personales de alguien; pero, ¿sobrevalorar el papel de un político de la forma en que lo hacen los grandes periodistas colombianos, destacando lo “bueno” por sobre lo “malo”, no es otra forma de hacer censura en un país?

Con todo esto (corrupción, cero garantías de seguridad para los líderes y la censura a los medios de comunicación), me atrevo a preguntarle al actual Gobierno ¿qué es lo que están haciendo por mejorar las condiciones democráticas en Colombia? Pues, aunque el plan original era alejarnos al máximo de la realidad venezolana, hoy en día nos acercamos cada vez más.

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