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El componente de las maras salvadoreñas que ningún gobierno puede quebrar

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Con tinta indeleble, los miembros de las maras salvadoreñas se marcan la piel con la promesa de pertenecer a una especie de familia que los acoge de por vida

Miembros de los 'Maras Salvatruchas' detenido por la policia de El Salvador

“La pandilla siempre iba a estar conmigo, ayudándome en las buenas y en las malas, porque eso es lo primero que le dice la pandilla a uno”, dijo William Arias, un antiguo líder de la Mara Salvatrucha #13, a BBC. Desde ese momento, se convierte en una extensión de lo que para la sociedad es un grupo criminal, pero para ellos es una familia.

Read in english: The essence of the Salvadorean gangs that no government can break

La venta de armas, drogas, secuestro, robo y extorsión son algunas de las acciones criminales que hacen de estos grupos, el terror de Centroamérica. Aunque no son exclusivas de El Salvador, pues se encuentran en otros países, sí surgieron allí y es donde su presencia es mayor. Surgio en los años 80 después de la Guerra Civil como una forma de acoger a emigrantes internos del país. El propósito, como el de la mayoría de grupos al margen de la ley en el mundo, se fue desviando hasta que, favorecidos por las precarias condiciones del país, se convirtieron en lo que es hoy.

El eterno propósito de los gobiernos salvadoreños ha sido acabar con las maras que aterrorizan a los ciudadanos del país, pero ningún intento ha sido suficientemente adecuado para lograrlo. Desde la mano dura hasta atacar sus finanzas, nada parece acabar con estos grupos criminales que tienen su centro en los sectores más pobres.

El nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien entró al cargo el pasado 1 de junio, se ha propuesto a toda costa terminar con la violencia y fortalecer la seguridad. Para esto, publlicó el Plan Cuscatlán. En él, se critica las acciones de mano dura y prioriza la necesidad de combatir la pobreza y otras dificultades sociales y económicas.

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El plan propone tres puntos para reducir el poder de las maras: 

1. Proteger las ciudades: este punto no busca atacar directamente a los grupos criminales, sino proteger los centros de las principales ciudades para evitar conductas ilícitas por parte de ellos y, así, darle una sensación de seguridad a sus habitantes. Según Bukele, es en los centros históricos de las ciudades donde las pandillas logran más flujo económico y, además son las ventanas más óptimas para la extorsión.

2. Comunicación en las cárceles: las cárceles, en lugar de ser centros de reclusión y condena, se convierten en los epicentros donde las mafias operan. Según la BBC, el presidente afirmó que “el 80% de las órdenes de homicidios y extorsiones salen de las propias cárceles”, por lo que la solución, de acuerdo con su plan, es cortar las comunicaciones fuera de las cárceles. En este punto, también va incluída la lucha contra la corrupción dentro de ellas, pues es con el apoyo de miembros oficiales que muchas de las actividades ilegales se pueden permear.

3. Atacar las finanzas: esta acción tampoco ataca directamente a las pandillas, sino que se enfocará en encontrar a quienes los financian. De lograrlo, se busca que las maras se queden sin dinero para poder operar. En ellas se atacará, por ejemplo, grupos políticos de los que se sospecha que han tenido vínculos y tambiénse desmantelarán las empresas que tienen de fachada para lavar el dinero que obtienen de la droga y el tráfico de armas.

Para BBC, Sofía Martínez, consultora experta en seguridad en Centroamérica, esas propuestas y las que ya han existido en gobiernos anteriores “son una suerte de déjà vu de lo que ya se ha hecho”. En estas propuestas con las que Bukele busca atacar a las pandillas por distintos frentes que no sea directamente, se olvida de un componente importante: el problema es social y la forma de acabar con él es fortalecer las condiciones de vida para que no exista la necesidad de llegar a estas pandillas.

Más allá de políticas nuevas o viejas, con lenguaje de señas y códigos de fidelidad, las maras han logrado un componente de unidad que las ha hecho más fuertes que cualquier intento de romper la mafia no ha podido traspasar. 

“Yo por mi madre vivo, pero por mi barrio voy a morir”. Con esa simple premisa, mencionada por William Arias, mantra de la mara salvatrucha —también llamada MS 13—, el compromiso con el barrio se vuelve más importante que la vida misma. Desde que la pandilla importa más que la vida, no hay política pública que valga más que la unión. Y desde ahí comienza la violencia que imparten los miembros de estos grupos.

Volverse parte de una mara no es una cuestión de juegos de poder, crimen organizado o negocios ilícitos; no para ellos. Quien entra, no sale. Muchos llegan esperando la promesa de un gobierno que no les da esperanzas, pues sin trabajo, educación, seguridad o posibilidades no les queda de otra que acogerse de otros. 

No solo las iniciales M y S los representan y los marcan de por vida en su piel, sino también 3 puntos  muestran los únicos tres caminos que tienes como miembro de una pandilla. No es “sexo, drogas y rock n’ roll”, sino “cárcel, hospital o muerte”. Con ese pensamiento que termina por arraigarlos, cobra sentido el porqué ni la mano dura ni las condenas ni ninguna otra acción han podido acabarlas.

 

LatinAmerican Post | Juliana Suárez

Copy edited by Juan Gabriel Bocanegra

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