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Venezuela no apoya a sus principales ligas de deporte profesional

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Los últimos acontecimientos del béisbol venezolano sirven para reflexionar sobre la continuación o no de los certámenes, más allá del dinero invertido en ellos

Venezuela no favorece a sus principales ligas de deporte profesional ¿hay que suspenderlas?

La Liga de Fútbol profesional lleva cada vez menos personas a los estadios. En la distancia se percibe una involución en promoción y marketing, además de haber una ausencia de figuras. El baloncesto estuvo a punto de cancelar su temporada del 2018 por ausencia de divisas y muchos equipos la disputaron con graves problemas económicos.

Ahora es el béisbol profesional el que sufre las consecuencias de un ‘país en llamas’, que con mucha polémica culminó su final en la pelota y que vio cómo le cancelaron la oportunidad de organizar la Serie del Caribe en Barquisimeto.

La temporada 2018-19 de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional Venezolano (LVBP), el principal pasatiempo de este país, vivió varios capítulos desafortunados que refuerzan la teoría de este redactor: mientras no se normalice la situación en Venezuela, las ligas profesionales de cualquier disciplina deportiva deberían suspenderse.

Esto sucede porque no están dadas las condiciones de seguridad en el país para celebrar eventos que impliquen participación masiva.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Mi teoría parte de un punto lógico: si el campeonato más importante de Venezuela tuvo tantos problemas y tantas críticas, ¿que quedará para los otros deportes?

Antes de iniciar el de béisbol, a finales de septiembre, el vicepresidente de Planificación e Ingeniería de Pdvsa, Miguel Quintero, se comprometió en una rueda de prensa a entregar con celeridad las divisas necesarias para la realización del campeonato.

La cifra que se manejó fue de 12 millones de dólares, lo que generó el rechazo de gran parte de la sociedad, incluso de fanáticos del béisbol. Se argumentó diciendo que era mucho dinero para un evento deportivo, teniendo en cuenta tanta escasez de insumos y alimentos, asunto más importante de resolver.

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Otros hechos aislados se venían presentando desde la temporada 2017-18, como la falta de alumbrado en el estadio Luis Aparicio de Maracaibo, y amenazaban con tener una liga con muchos problemas, pese a que el presidente de ella, Juan José Ávila, destacaba que lo más importante era alcanzar los 74 años consecutivos de celebración del campeonato.

Luego, en diciembre, se presentó el fallecimiento de dos importantes jugadores como José Castillo y Luis Valbuena (ex grandeligas) por presunta inseguridad, pues aparentemente ​​​delincuentes con modus operandi de colocar piedras en la vía habrían hecho que el automóvil en el que se desplazaban se volteara y perdieran la vida.

La tragedia, que no es inédita en ese torneo, causó impacto en la sociedad venezolana y la comunidad del béisbol internacional, con lo que surge nuevamente la pregunta: ¿está Venezuela en condiciones de organizar un evento deportivo profesional de esa talla?

Los dos últimos golpes se registraron el pasado mes de enero en plena serie final entre Leones del Caracas y Cardenales de Lara (ex-campeones) cuando el 23 de enero, luego de los disturbios y represiones (con muertes incluidas) presentadas tras la autoproclamación del dirigente Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, la Liga no sostuvo una posición coherente. Además, por presuntas amenazas del gobierno obligaron a los Leones a jugar lo que era el segundo partido de la final, el cual terminaron perdiendo por 8-2.

Ese incidente terminó por salpicar a una, de por sí, polémica final, además de que tres jugadores extranjeros refuerzos del equipo capitalino —Logan Darnell, Félix Pérez y Craig Stem— decidieron abandonar el país.

Por último, la confrontación final se decidió en cinco juegos a favor de Cardenales de Lara, horas antes de que la Confederación de Béisbol del Caribe decidiera cancelar la Serie del Caribe en Barquisimeto, sede de los Cardenales, y pasarla para Panamá, una única muestra de sensatez en medio de tanto caos. ¿Conclusión? La Liga Venezolana de Béisbol no debió jugarse esta temporada, y no hace falta ser muy inteligente para comprobarlo tras los mencionados hechos previos.

 

 

Otro ejemplo

El otro caso relevante viene del baloncesto, que el pasado mes de octubre anunció el inició de la la temporada 2019 para finales de enero, lo cual no ocurrió por el mismo motivo: ausencia de divisas y situación del país. Aún así, la idea es que sí se realice esta edición de la llamada LPB, sobre todo para aprovechar la presencia de la Selección de Venezuela en el Mundial de Baloncesto de China. El año mundialista debe ser aprovechado, esa es la posición.

Pero no será tan fácil. Lo primero es establecer o designar los cargos adherentes a la Liga, y en ese sentido lo más probable es que Allinson Chacón (propietario de Bucaneros de La Guaira) siga siendo el mandamás del circuito. Luego, para evitar lo que ocurrió el año anterior, la organización del campeonato debe evaluar la situación económica de equipos como Marinos de Anzoátegui, cuya participación el año pasado en el torneo fue casi milagrosa.

Los aficionados no se sienten atraídos como en otros años a asistir a este espectáculo deportivo por la inseguridad —la mayoría de juegos son nocturnos—. Adicionalmente, hay pocas garantías de que muchos de estos clubes ofrezcan un espectáculo familiar, un asunto difícil de por sí en un país lleno de desesperanza, división política y social y condiciones mínimas de vida.

Si no se ha normalizado la situación, la Liga de Baloncesto no debería celebrarse este año y así sentar un precedente. Igual, debo decir que difícilmente recibirán 12 millones de dólares que sí los recibió el deporte número 1 en Venezuela.

 

LatinAmerican Post | Onofre Zambrano