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Lo bueno, lo malo y lo feo de la Vuelta al Táchira 2019

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El evento ciclístico más importante de Venezuela se celebró en este 2019 pese a la situación del país. LatinAmerican Post estuvo en exclusiva

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Vuelta al Táchira 2019

Con un sabor agridulce se terminó celebrando recientemente, en los andes venezolanos, la tradicional Vuelta al Táchira en bicicleta. Justa de gran tradición y jerarquía que en esta, su edición número 54, vivió algunos capítulos de la más absoluta gloria deportiva, pero también otros, y debido a la profunda crisis en la que está inmersa dicho país, que dejaron en evidencia el abandono al que son sometidos sus habitantes.

A continuación, y gracias a la presencia exclusiva que tuvo en carrera el equipo periodístico de LatinAmerican Post, brindaremos algunos detalles acerca de lo más destacable y deplorable de la justa a pedal, que nos sirven para entender cómo Venezuela es un país de extremos, en los que se pueden estar presenciando, al mismo tiempo, momentos felices para un grupo de habitantes, y otros no tan gratos para otro sector de la población.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Lo bueno

Al menos 125 corredores divididos en 22 equipos de cuatro naciones: Colombia, Ecuador, Italia y Venezuela, brindaron durante ocho días una fiesta deportiva sin desperdicio. Desde la primera hasta la octava jornada la competencia fue digna de admirar.

La pasión en las calles de la afición desbordada, la pugna interna de los guerreros sobres sus bicicletas, y los medios de comunicación acompañando a sus pedalistas, hicieron un engranaje perfecto para terminar llevando a cabo una de las mejores ediciones de los últimos años, en la que al final, fue el corredor venezolano Jimmy Briceño el encargado de quedarse con la victoria. Luego de dejar sangre, sudor y lágrimas en carretera para vencer a sus más aguerridos rivales en la primera gran carrera del calendario UCI latinoamericano.

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Vuelta al Táchira 2019

Lo malo

Sin embargo, como Venezuela es un país de polaridades, a su vez que veíamos un derroche de talento y capacidades en el ámbito ciclístico, también se percibió un deplorable estado de abandono en las localidades por donde atravesó la competición.

Carreteras repletas de huecos casi intransitables, falta de señalización, basura en cada rincón, interminables filas para surtir gasolina, así como el semblante notablemente empobrecido de muchos de los espectadores presentes, fue el pan nuestro de cada día en el que se enmarcó el evento. Dada las condiciones, los ciclistas y miembros del pelotón  resultaron afectados ya que vivieron dificultades para mantenerse enfocados en lo deportivo.

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Vuelta al Táchira 2019

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Lo feo

Pero sin duda lo más feo, que esta Vuelta al Táchira dejó, es que durante todos y cada uno de los días de competencia, las protestas no se hicieron esperar. La gente cansada, sobre todo los educadores, de manera organizada con pancartas y cánticos, aprovecharon la carrera para acercarse a los medios de comunicación con la exigencia al gobierno nacional de remuneraciones y salarios justos, aseverando que si la situación no mejora en un tramo prudencial de tiempo, las aulas de la nación caribeña quedarán ausente de docentes.

Pero ¿qué es lo que sucede?, resulta que todos los maestros  y profesores venezolanos ganan sueldo mínimo, sin importar su jerarquía, y el sueldo mínimo cambiándolo a dólar, no es más que cinco dólares mensuales.

Entonces, la motivación de estos profesionales así como la de millones de venezolanos se reduce a la nada. La inflación llegó a niveles exorbitantes y el futuro no pinta nada bien, pues las cifras de la inflación el año pasado y según el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue de 1 millón 300 por ciento.

Este año se prevé que superará los 10 millones, realidad que conlleva a la insostenibilidad de la tranquilidad no sólo de la gran mayoría de habitantes que aún allí se encuentran, como lo recuerda El Universal.

 

LatinAmerican Post | Freddy González

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