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Colombia: ¿ha vuelto el terrorismo?

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Terrorismo, fanatismo y proceso de paz debilitado son las secuelas del atentado a la Escuela General Santander

Colombia: ¿ha vuelto el terrorismo?

En la mañana del 17 de enero una camioneta Nissan, con placas LAF 565, irrumpió por la puerta lateral de la Escuela General Santander. José Aldemar Rojas Rodríguez, dueño de la camioneta y quien la manejaba, intentó ingresar a la institución como si de hacer una visita se tratara.

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Sin embargo, los perros antiexplosivos dieron señales de que dentro del vehículo había artefactos explosivos y alertaron de inmediato a los guardias. Rojas, al verse sorprendido aceleró la camioneta a fondo atropellando a quien se interpusiera en su camino, hasta adentrarse bien en la Institución.

Producto de esto, el vehículo se estrelló y explotó los 80 kilos de pentolita que llevaba en su interior. Las cifras llegaron a 21 personas muertas y 68 heridas. A pesar de que el gobierno esclareció y encontró a los culpables en un corto periodo de tiempo, aún quedan muchas dudas por resolver.

¿Vuelve el terrorismo urbano?

Ante este evento fatídico, muchos colombianos evocaron los tiempos en los que no solo los carros bombas, sino los atentados hacia la población civil eran comunes en una época de guerra y narcotráfico. Sin embargo, deja mucho que desear y más cuando se intentó establecer un proceso de paz con las fuerzas armadas del país. No cabe duda que las diferentes disidencias que este procedimiento dejó, todavía se hacen presentes con los ideales que alguna vez los caracterizaron.

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¿Un atentado suicida?

Sin embargo, en la historia de Colombia no se había presentado nunca un hecho como el del jueves pasado. Esto debido a que dentro de las víctimas mortales se encuentra el conductor del vehículo del carro bomba. Resulta intrigante que el mismo dueño hubiera prestado su carro para perpetuar el hecho, pero lo que más preguntas genera es que Rojas, una vez ingresara a la Escuela, sabía que podía ser retenido o abaleado. Se podría pensar que se trata de un acto terrorista suicida, o como se suele denominar, “un ataque kamikaze”.

Lo que representaría un hecho nunca antes visto en la violencia histórica de Colombia; Semana, da a conocer que si bien Pablo Escobar entrenaba a sicarios para realizar misiones que representaban un gran peligro de captura, “no hay antecedentes sobre un criminal que asuma su misión con la certeza de que perpetrarlo le costará la vida”.

Se sabe que Rojas, hizo parte del ELN por 20 años, y que dentro de este grupo realizó varias tareas; una de ellas como explosivista, según información de la Fiscalía. Inclusive, El Tiempo manifestó que “en la investigación los peritos afirmaron que Rojas viajó a territorio venezolano en varias ocasiones a entrenar a personas en manejo de explosivos”. Tenía conocimiento de lo que estaba haciendo y aún así decidió inmolarse.

Frente a esto no es tan desquiciado pensar que ese atentado sea el resultado de un acto de fanatismo que ha sido disfrazado como un acto terrorista, ¿Hasta qué punto un acto de terrorismo se convierte en fanatismo? Y más cuando este último “supone un ahorro de energía psicológica porque no requiere de ningún trabajo intelectual (no se ponen en cuestión las ideas), elimina la incertidumbre, ofrece seguridad y proporciona el apoyo emocional del grupo”, como lo afirma Euromind.

Un proceso de paz debilitado

El mensaje que deja este ataque terrorista es solo una muestra de las fallas no solo con el proceso de paz con las FARC sino con el ELN. El suceso del 17 de enero fue la última gota que rebosó la copa, dado las atrocidades que este grupo al margen de la ley había perpetrado a una población civil indefensa, pues si bien los colombianos tenían sus dudas frente a unos posibles diálogos.

Por eso no es sorpresa que el presidente Iván Duque levantara los diálogos de paz con ELN, y ordenara la captura de sus máximo dirigentes. La mano dura debe llegar para estos criminales, puesto que en palabras del Ariel Ávila de la Fundación Paz y Reconciliación y en diálogo con La FM, "La guerra va a seguir (...) Esto va ser algo largo y doloroso”. Además el mismo medio afirma que varios expertos concuerdan con el incremento del conflicto, “con golpes de lado y lado, que pueden significar el aumento de atentados, secuestros y voladuras de la infraestructura petrolera”.

Es claro que con el ataque terrorista se evidencia falta de garantías y una falta de compromiso no solo con el proceso de paz de las FARC, sino con el procesos de paz con el ELN.

 

LatinAmerican Post | Laura Viviana Guevara Muñoz

 

* La opinión del redactor no representa la del medio

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