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¡Explotemos bien las narconovelas!

Algunos lo aman y otros no pueden paar de verlo. Lo cierto es que el contenido sobre narcotráfico se ha tomado la pantalla grande y chica, ¿fue ya suficiente?

¡Explotemos bien las narconovelas!

Las narconovelas se han tomado la pantalla chica desde hace algunos años en México y en Colombia. Es apenas normal que estos países exploten en sus producciones televisivas una realidad que ha definido su identidad en el panorama internacional. Este género relativamente nuevo del cine y la televisión se ha expandido ya otros países que se han sentido seducidos por la intriga que causa una trama que gira alrededor del narcotráfico.

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El contenido de gángsters, sin embargo, no es del todo nuevo. Existe hace un tiempo toda una estética cinematográfica que gira alrededor de la mafia italiana en Chicago y en Nueva York. Esta estética, muy elegante y sofisticada, está ligada también a un contenido que reflexiona sobre el honor, la familia, la masculinidad y la herencia en los circuitos de tráfico ilegal en los años de la década de 1950.

Muy diferente es la estética de las narconovelas, que en su contenido y en su forma están asociadas con las prácticas de los narcotraficantes: la extravangancia, la exageración, el arribismo, la vulgaridad. Tiene sentido, que al tratar otra problemática, que aunque muy similar de la norteamericana es distintísima en sus maneras, las narconovelas producidas en los países latinoamericanos tengan toda otra forma de contar la historia del narcotráfico.

¿Ya ha sido suficiente?

En noviembre de 2016, el senador Zoé Robledo y la diputada Lía Limón de México emitieron un comunicado pidiendo al Instituto Federal de Telecomunicaciones que no fuera tolerante con la transmisión de narconovelas en horario familiar. Argumentaban que el contenido no era apto para menores y que además atenta contra la imagen internacional del país. Esta no es una opinión aislada. Es bien sabido que muchos piensan que este tipo de producciones dañan la imagen de los países ante la mirada extranjera.

Es curioso, sin embargo, que nunca nadie pensó esto mismo sobre Estados Unidos después del boom setentero de las películas de gángsters. Pareciera, entonces, que hubiera una preocupación por agradar al público internacional de parte de los países latinoamericanos. Esto, a costa de la negación de una realidad, la del narcotráfico. Realidad que nos avergüenza, claro, pero al fin y al cabo una realidad.

A través de la historia, ha sido normal que las naciones se valgan del séptimo arte y de la literatura para reflexionar sobre los acontecimientos que las han abatido. Este es el caso de España, cuya literatura de posguerra y cuyas producciones cinematográficas que tocaban el tema de la guerra civil abrieron los ojos al mundo sobre la lamentable situación por la que pasó este país en la primera mitad del siglo XX. Ahora, en tiempos de posconflicto, se esperarán también grandes narraciones y producciones de lo guerra que en Colombia duró más de 50 años, y será interesente la exploración de este tema. ¿Qué es, entonces, lo que nos incomoda?

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La incomodidad de vernos en la pantalla

Como ya dije antes, las producciones latinoamericanas que tocan el tema del narcotráfico lo hacen con la misma estética de los propios narcos. Todo en la trama es exagerado, es melodramático, hay situaciones forzadas y palabrotas a diestra y siniestra. Estas producciones, entonces, nos enfrentan directamente con esta realidad que enconramos vergonzosa y que es un reflejo de nuestra sociedad y de nuestra cultura, y por eso creo que las encontramos tan incómodas.

Por otro lado, muchas parecen enaltecer la figura del narco, con lo cual no estoy de acuerdo y también incomoda. Pero recordemos que así fue por mucho tiempo. La población vio una esperanza de ascenso social en la figura del capo, y negarlo sería un atentado contra la memoria colectiva. Así, creo que la incomodidad que generan las narconovelas tiene que ver también con que al público latinoamericano no le gusta reconocerse a sí mismo en el narco.

Me explico: muchas de ellas se concentran en la historia de su familia, muestran que, por ejemplo, Pablo Escobar o la Reina del Sur tenían una familia a la que amaban, cosa con la que el público puede sentirse identificado. Así, esa identificación es peligrosa, pues se corre con el riesgo de que el público se compadezca al capo de la mafia o llegue a justificar sus acciones. Pero es también incómoda porque nosotros como público nos vemos reflejados en la pantalla. Esto podría explicar también por qué pareciera que no podemos dejar de ver narconovelas, pues el vernos a nosotros mismos puede ser incómodo pero también fascinante.

La mirada extranjera

Aunque al senador y a la diputada mexicanos les haya preocupado la imagen del país en el exterior, lo cierto es que los países extranjeros también se ven fascinados por la temática del narcotráfico. Esto lo demuestran las producciones extranjeras que se han lanzado en los últimos años. Aunque el público latinaomericano muchas veces no ha recibido muy bien el hecho de que su historia sea contada desde la perspectiva del otro, las producciones extranjeras han puesto en evidencia que la problemática del narcotráfico no es solamente de América Latina, sino que envuelve otras naciones con ella, naciones que están interesadas también en involucrarse en la narración de la mafia.

Así, considero que en la medida en que el fenómeno del narcoráfico ha definido de cierta manera la identidad latinoamericana en las últimas décadas, es apenas normal que el tema se explore en las producciones televisivas y cinematográficas y que otros países se involucren en la narración del mismo, pues entre más voces, más completo será el relato.

Si bien creo que se debe tener cuidado con lo que se dice (pues, como ya dije no apruebo el enaltecimiento de la figura del capo), creo que aun queda mucho por explorar en este tema que puede ayudar a la formación de una memoria colectiva y a la autocrítica, pues los temas del machismo, de la corrupción, del ansia de poder y del arribismo económico son cosas que pueden ligar el narcotráfico con nuestra cultura y que pueden ayudarnos a entenderlo como fenómeno.

 

LatinAmerican Post | Juliana Rodríguez Pabón 

 

* La opinión del redactor no representa la del medio

 

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