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Efecto contagio: ¿Podemos culpar a nuestros vecinos por nuestra recesión?

Países como Grecia, Italia, Argentina, Brasil y Venezuela son llamados a responder por el mal desempeño de la economía en su región

Efecto contagio: ¿Podemos culpar a nuestros vecinos por nuestra recesión?

En el contexto del siglo XXI, la Unión Europea es, sin lugar a dudas, la alianza regional por excelencia alrededor del mundo. Medidas que se han implementado como una moneda única (el Euro), o la apertura de fronteras internas (la zona Schengen), han hecho de la UE un modelo de cooperación internacional. ¿Pero qué significa para la unión cuando un miembro entra en crisis?

Read in english: Contagious effect: Can we blame our neighbors for our recession?

La Unión Europea: Italia con deuda histórica y Alemania, un prestamista controversial

Lo que vale la pena mirar, es por qué los expertos determinan que hay países con más riesgo de arrastrar negativamente las economías de ciertas regiones que otros, por qué las crisis pueden contagiar a otros países de la región. Por ejemplo, por qué desde aproximadamente el 2011, medios como The Telegraph o Washington Post, han advertido del inminente fracaso de Italia dentro del modelo europeo y cómo esto repercutirá definitivamente en la caída de la UE.

Italia, un país con una extensa deuda, la más grande de Europa según The Fair Observer, ha sido identificada como el mayor perdedor dentro del modelo europeo de unidad económica, debido a la gran cantidad de préstamos en contraposición con su incapacidad para pagar y endeudarse eficientemente.

Sin embargo, este no es un indicador claro de cómo ocurren las cosas en la economía europea. La BBC en 2016 ponía bajo la lupa a Alemania, acusando a la economía más grande de Europa de en realidad ser el verdadero factor para que los otros países no pudieran crecer, debido a sus políticas de préstamos y sus prácticas de mucha exportación y poca importación, lo que empobrece a los demás miembros de la zona euro.

Al lado de estos señalamientos contradictorios se encuentran hechos históricos que, a pesar de los profundos cambios que han acarreado, no han llevado a la UE a la quiebra: el Brexit, por ejemplo. Difícilmente los expertos de distintos campos habrían podido predecir un fenómeno como el Brexit y, cuando ocurrió, se proyectó una sombra de dudas sobre todo el continente europeo. A pesar de ello, las crisis no han arreciado de tal manera que la economía colapse y los países que halan hacia abajo los indicadores siguen estando ahí, sobreviviendo a pesar de los pronósticos.

Para América Latina, menos integración no significa menos efecto de contagio

El caso latinoamericano, por otra parte, tiene unas connotaciones muy distintas a la de la Unión Europea, dentro de las que caben señalar dos que ya fueron mencionadas: la moneda y las fronteras. Cada nación latinoamericana maneja los asuntos internos del país en una moneda particular, las cuales tienen profundas diferencias adquisitivas entre sí. Por ejemplo, en la actualidad no es posible equiparar una moneda como el real brasileño con el peso argentino, y mucho menos con una moneda profundamente devaluada como el bolívar venezolano.

Esta diferencia marca también una diferencia en el desarrollo y en la capacidad de endeudamiento de cada nación. Así mismo, el cierre de fronteras internas, que en realidad termina expresándose como un puñado de países independientes, contrasta con la UE como imagen de unidad. A pesar de que existen numerosas alianzas latinoamericanas, como Mercosur, la Alianza del Pacífico o la Asociación Latinoamericana de Integración, cada país latinoamericano está por su cuenta.

En este momento, 2018, la situación de países que históricamente han sido referentes, tanto positivos como negativos, del desarrollo de toda la región latinoamericana como lo son Argentina y Brasil están en situaciones difíciles. Argentina, el ejemplo más destacable, enfrenta una crisis económica cada vez más insostenible, con aumentos en la tasa de interés y en la inflación que han saltado las alarmas de los inversionistas, retirando capital del país, como informaba The New York Times a comienzos del año.

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En Latinoamérica la situación es más delicada que en Europa pues cada país debe tratar de sobrevivir en un ambiente de crecimiento o inversión desmedida, extracción desaforada y, a la larga, pobres políticas públicas de sostenimiento a largo plazo. Es por ello que en esta región las crisis pueden afectar de manera clara y sistemática a sus países vecinos. La frágil situación política de Venezuela, por ejemplo, tiñe de tintes políticos internacionales la economía colombiana del futuro próximo, generando desconfianza y especulación en el mercado mundial. En Europa, por su parte, a pesar de que puede haber profundas crisis, los sistemas de rescates bancarios y la solidez de algunas naciones los blinda de alguna manera frente a la especulación.

No hay que olvidar, de todas maneras, que las grandes potencias son las que, a fin de cuentas, arrastran la economía mundial. Si cae China, Estados Unidos o los más fuertes de la UE, caen todos los países detrás. Estas crisis económicas pueden, a simple vista, no tener una repercusión real más allá de los medios de comunicación, pero sus consecuencias pueden verse en un crédito, en las tasas de productos importados, incluso, en el acceso a bienes básicos que, de una u otra manera, fueron afectados por un país al otro lado del mundo.

 

LatinAmerican Post | Jorge Ovalle

Copy edited by Laura Viviana Guevara Muñoz

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