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El sueño americano está sobrevalorado

¿Puede ser el sueño americano un eufemismo para la esclavitud del siglo XXI o una estrategia para florecer la economía de la gran potencia mundial?

El sueño americano está sobrevalorado

El historiador James Truslow usó el término del sueño americano en el libro La épica de América de 1931. "No es un sueño simplemente de automóviles y salarios altos, sino un sueño de orden social al que hombres y mujeres pueden aspirar sin importar las circunstancias fortuitas de su nacimiento o posición". A lo largo de los años, el sueño americano se convirtió en el logro de un trabajo seguro, una vivienda decente, educación para los hijos, servicios de salud y transporte. Lo que empezó como una idea para impulsar la economía de Estados Unidos y crear un ambiente de oportunidades post guerra puede verse roto en la actualidad.

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El sueño americano no solo fue de los norteamericanos, sino que llegó a América Latina y al resto del mundo para decir que conseguir el éxito requiere de un entorno competitivo que solo Estados Unidos parece tener. Lo vimos en las películas, la televisión y en los movimientos políticos y sociales que vendían un sistema con igualdad de oportunidades. Sin embargo, ¿el sueño americano muestra los ambos lados de la moneda?

En la actualidad, la realidad es distinta, el otro lado de la moneda salió a la luz pública. La tecnología llegó y con ella el aumento de la productividad con una expectativa enorme para que las generaciones tengan un mayor nivel de ingreso y de consumo que las generaciones anteriores. Esto no es un secreto para los millennials quienes ganan 20% menos que sus padres a la misma edad según un estudio de Young Invicibles. Una brecha generacional que afecta a los millennials que persiguen el sueño americano pero que no tienen seguridad financiera, les sobran deudas estudiantiles y el sistema no juega a su favor. Por otra parte, la tecnología es igual a consumo que siempre resulta en desigualdad.

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Si hay algo que se necesita para sostener la idea del sueño americano es la clase social baja que trabaja para brindar los servicios de quienes están más cerca del sueño americano. En este grupo, no solo entran los inmigrantes porque a la tecnología se le une la diversidad de cultura. Puedes encontrar norteamericanos blancos que no logran el perfil para alcanzar el éxito en Estados Unidos, porque la realidad es que muchos inmigrantes sí logran el trabajo seguro, la educación para sus hijos y un sueño de aspiración sin importar las circunstancias ocasionales.

Elon Musk nació en Sudafrica y es el genio detrás de PayPal, Tesla Motors y SpaceX. La historia de Jan Koum, el cofundador de WhatsApp, es un viaje desde la pobreza a la riqueza en Ucrania pero que se lee como sueño americano de éxito. De esta forma, entra un fenómeno consecuente del sueño americano y es la semejanza en estos grupos sociales que se traduce en inseguridad laboral, poca capacidad de recuperación y la pérdida de un estatus social en los norteamericanos propios.

Quienes han abandonado el sueño americano o la idea del mismo lo hacen porque el sistema no se comporta igual que en 1931 o después de la Segunda Guerra Mundial. La cifra de latinoamericanos que se trasladan a Estados Unidos sigue en aumento, así como lo hacen las cifras de migraciones a Europa, Asía e incluso países de América Latina porque ahora estos territorios tienen economías propias, mercados emergentes y modelos más eficientes. Lo que no se puede dejar de lado es el factor desarrollo. Las mejores oportunidades suelen estar en países desarrollados y eso es una ventaja para Estados Unidos porque si el sueño americano existe, este sin duda requiere de sacrificios. ¿Puede ser el sueño americano un eufemismo para la esclavitud del siglo XXI o sigue siendo una estrategia para florecer la economía de la gran potencia mundial?

 

LatinAmerican Post | Diana Ramos

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