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A Quiet Place: ¿un renacimiento del cine de horror?

La cinta protagonizada por Emily Blunt muestra un inquietante futuro posapocalíptico que recuerda al espectador las sensaciones que causaban las películas de terror de los años 80 y 90

A Quiet Place: ¿un renacimiento del cine de horror?

El cine de horror ha perdido fuerza en la última década, para muchos adultos aún causa ansiedad recordar los grandes clásicos del cine de terror y horror de los años 80 y 90. El apogeo de la coulrofobia y a los sucesos sobrenaturales se lo debemos a estos clásicos. En la década que vivimos pocas cintas pueden lograr captar la atención del público y la crítica, pero A Quiet Place está logrando la aceptación de ambos.

Contrario a los escenarios posapocalípticos llenos de zombis, inviernos nucleares o mutantes, la premisa de A Quiet Place es relativamente simple: sin explicarnos el porqué, ni el cómo, la tierra es invadida por criaturas extraterrestres, que dependen del sonido para cazar a los seres vivos de la tierra. Por ello, los habitantes de este mundo deben vivir casi en silencio total, no respetar esa regla puede tener un costo muy alto. El director John Krasinski es al mismo tiempo protagonista de la historia, junto a la ganadora de un Globo de Oro Emily Blunt, su esposa en la vida real y en la cinta. Ha logrado crear una atmósfera estresante y oscura, con buena parte de la cinta sumida en el silencio, que logra transmitir al espectador la sensación de temor y hacerlo entender la importancia del silencio.

Para el director el sonido es un protagonista de la historia junto a los actores; ha cuidado el diseño sonoro, los contrastes entre sonido y silencio están perfectamente manipulados para aparecer en el momento perfecto. Cabe destacar que no es el recurso común de asustar al espectador con sonidos espontáneos, sino con la incertidumbre de escuchar y seguir las secuencias esperando el momento de que ocurra algo no necesariamente por sorpresa. La influencia de Jaws (Tiburón en español) de Steven Spielberg ha sido importante para el director: ha aprendido a jugar con lo que no se ve en pantalla, pero que al final es justamente lo que genera incertidumbre y temor. Otra de las influencias para Krasinski fue Alien de Ridley Scott, lo que se nota en la atmósfera y en el carácter de las criaturas.

El silencio puede interpretarse como una forma de detener el tiempo, de pausar los acontecimientos y en este caso la vida. Se convierte en una barrera que impide la interacción plena de los personajes, por lo que hay una serie de situaciones no resueltas entre ellos que se dejan pasar por alto debido a la forma en la que conviven, aprovechando la escasa comunicación para evadirlas. El aislamiento sonoro se agrega al asilamiento geográfico que agrava la sensación de soledad y de temor para presentar una historia inteligente y audaz.

En apenas su tercera película como director, Krasinski agradece no haberse integrado al universo de Marvel, al que ha tenido oportunidad de ingresar varias veces, al igual que Emily Blunt. El proyecto de A Quiet Place ha dado oxígeno a sus respectivas carreras, mientras avanza viento en popa en la taquilla mundial, con una inversión inferior a los 20 millones de dólares, la cinta se acerca a los 200 millones, con una publicidad que apuesta a las recomendaciones de persona a persona. Los productores ya preparan una segunda parte que responda muchas de las incógnitas que intrigan al espectador en esta entrega que aún se encuentra en cartelera en la mayor parte de América Latina.

 

Latin American Post | Luis Ángel Hernández Liborio

Copy edited by Susana Cicchetto