Un nuevo cartel con SIDA contagia al país

Nace un nuevo cartel en el país de la violencia

Un nuevo cartel con SIDA contagia al país

Como si no fuera suficiente tanto cartel en este país de carruseles, en donde ya no caben ni los que pagan su boleto ni los que se colaron para ahorrarse la fila, Fernando Carrillo, el Procurador general, aseguró que hallaron casi mil pacientes falsos y nos deslumbró con otro eufemismo de los que más nos duelen porque no lo sentimos: el cartel de SIDA. Y digo casi mil porque no importa si fueron dos o cinco mil pacientes falsos; cualquiera de ellos es uno menos de los reales, o todos, si la corrupción da fruto a tiempo. Y digo que no nos duele porque si hay algo que tiene el colombiano de bien es la indolencia a flor de piel.

A nombre de estos enfermos inexistentes se habrían cobrado tratamientos que por suerte y a regañadientes pagamos todos los contribuyentes. Estas medicinas, recordemos y repitamos hasta la memorización ojalá, no están incluidas en el Plan Obligatorio de Salud, y muchas veces fueron asignadas por cuenta de tutelas.

Qué tenemos que esperar

Por ahora, afirmó el Procurador general, las investigaciones recaen sobre la administración actual del departamento de Córdoba, de la que está a cargo el gobernador Edwin Besaile, y quien está ya suspendido por el mismo ente de control en medio de un proceso disciplinario por el cartel de la hemofilia (qué sorpresa, otro cartel). Por lo menos el honorable funcionario sigue jugando con la sangre y aún no empieza con la carne o, peor todavía, con el imaginario colombiano que consiste en pensar que somos uno, si no el más de los países más felices del mundo porque todo nos importa una gota de sangre o menos.

En este momento la noticia es primera plana en los periódicos y titular estelar en la hora feliz de los hogares colombianos, y tal vez lo sea durante un par de días más, pero, como ha sucedido con los demás carteles, que hicieron ya metástasis en la médula de nuestro alegre pueblo caribeño, el hilo de sangre, que corre por el medio de las huellas de lodo, llevará a los investigadores hasta la suelas de un zapato italiano importado usado por alguien que no puede ser tocado ni con el pétalo de una rosa porque la justicia en este país, cuando se trata del estado, que somos todos, nunca sobra recordarlo, no puede atacarse a sí misma. Porque somos una buena enfermedad autoinmune. Eso sí. En eso sí que somos los primeros. Así pues, lo único bueno de todo esto es que, sin excepción, al final veremos el mismo final: otro cartel.

Las cuentas casi claras

El ente de control calcula que un paciente de SIDA le puede estar costando al Estado, a todos nosotros, no lo olvidemos, cerca de 600 mil pesos cada mes. Es decir que por cada mes, y solo contando con el dinero de los tratamientos y no con el del aparato burocrático y las personas que le sirven de engranaje y de combustible, este cartel estaba sacando de las arcas de la salud, por lo menos, 480 millones de pesos. Esto implicaría de entrada, y vayámonos preparando para lo que falta, unos 11.500 millones de pesos perdidos nada más en el tiempo que lleva Besaile como gobernador. Nada mal para unos pocos meses en el sufrido cargo de servidor público.

Lo que no se sabe es qué causan, si risa o llanto, las palabras del mismo Procurador general, que como si se tratara de un juego de niños, nos trata como niños: «Cartel de la hemofilia es un juego de niños al lado del cartel del SIDA».

 

Latin American Post | Sergio Marentes

Copy edited by Susana Cicchetto 

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