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¿Quién era Ingvar Kamprad?

El pasado 27 de enero falleció el dueño de Ikea, uno de los empresarios más importantes y revolucionarios del siglo XX 

¿Quién era Ingvar Kamprad?

 

Quizá muchos no reconozcan el nombre de Feodor Ingvar Kamprad, pero sí se relaciona con la famosa multinacional IKEA, seguramente que este hombre toma una connotación diferente.

 

Kamprad fue el fundador, dueño y directivo de la empresa encargada de revolucionar el mundo de la creación y venta de muebles a nivel mundial.

 

El empresario nació en 1926, en el seno de una familia humilde dedicada a los trabajos del campo que vivía en una granja llamada Elmtaryd, ubicada en Agunnaryd, un pequeño pueblo de Suecia.

 

De allí el curioso nombre de su empresa: I, por Ingvar; K, por Kamprad; E, por Elmtaryd; y A, por Agunnaryd.

 

Después de salir de su pueblo natal, Ingvar decidió fundar IKEA en 1943, con un dinero que su padre le dio gracias a su responsabilidad durante su época estudiantil. Pero no fue hasta 1953 que la empresa vería su primer gran local instalado en Estocolmo.

 

Durante más de 50 años, el negocio de origen sueco ha demostrado ser uno de las más rentables en el mercado mobiliario, acaparando, solo en 2017, el 1% de toda la madera que se consume en el mundo.

 

Además, antes de morir, Kamprad se acreditó una fortuna de 36.300 millones de euros o, lo que es lo mismo, casi 50 millones de dólares. La cifra lo convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo.

 

IKEA: toda una revolución

 

Sin embargo, el éxito de este empresario no llegó solo por su ingeniosa manera de manejar el mercado y su perseverancia en un mundo sobresaturado como el de la venta de muebles para el hogar, sino por su constante compromiso para con la clase media y su modo de vida.

 

Desde sus inicios, IKEA nació con la idea de constituir una industria que beneficiara a las personas menos adineradas, así como, con su fundador como ejemplo. Por esta razón, las políticas de la multinacional se centran en beneficiar el ahorro y la calidad.

 

Por esto, Ingvar decidió llevar su vida en un bajo perfil. Aún con el dinero que tenía a su haber, el sueco realizaba sus viajes en clase turista, conducía un viejo Volvo, e incluso coleccionaba cupones de descuento que podían ser redimidos en los supermercados.

 

“Creo que no tengo nada que no haya comprado en un mercadillo”, dijo el magnate en una de sus últimas entrevistas, para un canal de su país natal.

 

No obstante, el mayor de sus legados fue la revolución que marcó en la construcción y comercio de muebles. En pleno auge de su compañía, el gremio de muebles de Suecia decidió pedirles a los proveedores de estos productos que anularan contacto alguno con IKEA. El dueño de la compañía decidió tomar cartas en el asunto con una simple idea: encargarse de producir su propia mercancía.

 

Pero, esta idea iba acompañada de una aún más innovadora. Con el fin de facilitar el acceso de los clientes a sus productos, así como ahorrar un poco más de dinero en el ensamble de los mismos, la multinacional creó un sistema en el que el armado de los muebles estaba a cargo de los mismos compradores.

En consecuencia, por un lado, se vio una reducción en los gastos de la empresa al no tener que pagarle a un personal por el empalme de cada uno de los artículos; por otro lado, se evidenció una mejora en la carga de los mismos. Lo anterior conllevó a la reducción del impacto ambiental al tener que usar menos vehículos para el transporte de la mercancía.

 

Adicionalmente, este novedoso sistema sirvió como forma de ‘engagement’, debido a que con la inclusión de la clientela en uno de los procesos más importantes de este tipo de empresas, IKEA logró crear relaciones de fidelización con los compradores que tiene en las más de 400 tiendas a nivel mundial.

 

Es así que, a la edad de 91 años, falleció Ingvar Kamprad, “un empresario único que significó mucho para la economía sueca y que hizo la decoración de interiores accesible para la mayoría, no solo para unos pocos", tal y como lo explicó el primer ministro de Suecia, Stefan Löfven.

 

 

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez Hernández
Copy edited by Marcela Peñaloza