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D1, Ara y Justo y Bueno: La salvación para hacer mercado en Colombia

Fachadas de vivos colores, anuncios de precios bajos, filas interminables y empleados que son cajeros y bodegueros al mismo tiempo, son algunas características de los almacenes de bajo costo

D1, Ara y Justo y Bueno:  La salvación para hacer mercado en Colombia

El gran reconocimiento con el que cuentan, por parte de los consumidores, radica en los bajos precios de los productos que allí se consiguen. A diferencia de los precios de grandes almacenes de cadena, estas tiendas ofrecen costos más bajos que los acostumbrados, por lo que sus consumidores crecen y se vuelven frecuentes.  

*El salario mínimo colombiano para el año 2018 es de $781,242.00, por lo que el ciudadano colombiano de clase baja, media y media -alta, debe aprender a convivir con diferentes gastos*

Teniendo en cuenta que el salario mínimo colombiano para el año 2018 es de $781,242.00, aproximadamente 265.62 USD, el ciudadano colombiano de clase baja, media y media -alta, debe aprender a convivir con diferentes gastos frente a los escasos ingresos que recibe. Los ingresos deben ser repartidos en sostenimiento personal, de salud, de vivienda, entre otros. Por esta razón, los ciudadanos constantemente recurren a opciones que faciliten y alivianen los gastos financieros.

En este orden de ideas, desde hace aproximadamente 4 años, la aparición de las tiendas mencionadas ha generado un nuevo panorama en las compras familiares de la canasta básica familiar y otras compras relacionadas al mercado. La Revista Dinero analizó estas dinámicas que, para sorpresa de muchos, ubica a la clase media-alta como la mayor consumidora de almacenes de bajo costo con un 71%.

En estos establecimientos, de bajo costo, se están comprando los productos principales que hacen parte de la dieta colombiana como: arroz, leche, aceite y algunos granos. Adicionalmente, para el año 2017, se incrementaron las compras de productos para el aseo personal y para el hogar. El aumento en artículos de aseo parece ser lógico, ya que en estos almacenes ciertos productos pueden adquirirse por menos de un dólar, mientras que en las cadenas de supermercados convencionales los venden aproximadamente un dólar y medio por encima del valor de estos establecimientos.

Es más, a la explicación anterior se le debe sumar la reforma tributaria que aumentó el IVA (impuesto de valor agregado) del 16% al 19%. La reforma obligó a los hogares colombianos a buscar alternativas y opciones que no afectaran radicalmente sus bolsillos. La situación también afecto el uso de tarjetas de crédito y otros medios de pago que se caracterizan por la cancelación de la deuda en cuotas de interés y con intermediaciones bancarias. Justamente, en la mayoría de los almacenes de bajo costo, los compradores sólo pueden pagar en efectivo evitando generar costos agregados a la compra. De esta manera, se garantiza el mantenimiento de los costos bajos de los productos.

No obstante, aunque los colombianos prefieren hacer sus compras en estos lugares debido a los precios bajos, las plazas de mercado y tiendas de barrio se han visto afectadas. Estos tradicionales lugares, que representan un valor cultural y, dependen de su propia sostenibilidad económica, han sufrido un fuerte golpe los últimos meses, debido a factores como los altos costos de mano de obra, insumos, intermediarios, impuestos, etc., que ellos mismos asumen en contraste de las tiendas a bajo costo, generando brechas de competitividad desigual.

LatinAmericcan Post | Laura Andrea

Copy edited by Marcela Peñaloza