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Antonio Ledezma: el nuevo motor del exilio venezolano

El político ha de recorrer el mundo como caja de resonancia denunciando las arbitrariedades del régimen

Antonio Ledezma: el nuevo motor del exilio venezolano 

840 kilómetros tuvo que cruzar el ex alcalde  Metropolitano de  Caracas Antonio Ledezma para alcanzar la libertad el pasado 18 de noviembre. La travesía, que contó con la ayuda de varios miembros de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana,  le puso fin a más de 1,000 días de arresto domiciliario a uno de los líderes opositores más emblemáticos de Venezuela.

Ledezma, detenido en 2015 por supuestamente conspirar para deponer a presidente Nicolás Maduro, se había convertido, junto al también líder opositor Leopoldo López, en uno de los principales presos políticos de esta nación sudamericana.

Las 15 horas que separan a Caracas de San Antonio del Táchira en plena frontera con Colombia fueron el cruel reflejo de un país en caída libre y, al mismo tiempo, de unas instituciones  fracturadas al interior del régimen.  Desde guardas nacionales que con miradas cómplices dejaban continuar el camino, hasta militares sin cuya ayuda decidida esta travesía no hubiera podido tener éxito, la fuga de Ledezma deja varios hechos a analizar.

Liderazgo en una oposición dividida

Inmersa en pugnas internas por la participación de ciertos partidos opositores en las pasadas elecciones a gobernadores, la oposición venezolana  se ha visto incapaz de lograr un  mensaje de unidad que sirva de contrapeso a la envestida chavista. Partidos políticos que aceptaron dichos resultados e insisten en negociaciones por debajo de la mesa, hasta líderes como María Corina Machado y el mismo Ledezma, para quienes las elecciones regionales del pasado 15 de octubre, fueron un claro ejemplo de una democracia secuestrada a la que ya no le caben más burlas y negociaciones a espaldas de la sociedad civil. Lo cierto  es que el venezolano del común no termina de creerle a quienes se suponen son la alternativa a más de 17 años de régimen.

La fuga de Ledezma puede servir para aglutinar en torno a su figura a esa población venezolana descontenta  y sin esperanza de cambios en el horizonte. Tener al menos un político sin mordazas que represente, sin intereses electorales, la oposición radical que muchos venezolanos reclaman.

Al chavismo no se le cree,  a sus interlocutores y garantes tampoco- léase José Luis Rodríguez Zapatero expresidente del Gobierno Español - ni que decir de opositores venezolanos, que como Henry Ramos Allup del partido Acción Democrática, sucumbieron al reparto de poder otorgado por la chavista Asamblea Nacional Constituyente.

Queda pues en manos de Ledezma capitalizar este descontento ciudadano, revitalizar las calles y obligar acciones coordinadas por parte de la oposición y de cara a la sociedad civil. Los objetivos inmediatos son claros y apartidistas: restablecimiento de un estado social de derecho, puesta en libertad de presos políticos, elecciones libres con veeduría internacional, suspensión de inhabilidades arbitrarias y apertura de canales humanitarios.

Fuerzas armadas fracturadas

En palabras del propio Ledezma, dicha travesía hubiese sido imposible sin la ayuda activa de estamentos militares. Miembros castrenses, que a los ojos de Maduro son incondicionales al régimen, sienten ahora vergüenza de seguir legitimando la dictadura chavista. Quizás por convicciones personales o sencillamente intereses políticos, lo cierto es que la ayuda militar en dicho escape fue para el gobierno un bochorno difícil de digerir. Tomemos en cuenta que lo único que los legitima es precisamente dicha institución.

Desde el lunes 21 de octubre, se han registrado una oleada de arrestos no sólo a funcionarios de seguridad sino también a civiles cercanos al entorno de Ledezma. Por lo menos cinco funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (cuerpo encargado de custodiar al ex alcalde) ya están tras la rejas. Similar suerte han corrido Carmen Andarcia, directora de administración de la Alcaldía, Elizabeth Cárdenas, exjefa de protocolo de la Alcaldía Metropolitana y Carlos Luna, exjefe de seguridad. Hasta el arquitecto Ignacio Benítez, presidente de la junta de condominio del edificio Villa Magna, residencia de Ledezma, ha sido puesto tras las rejas acusado de conspirar en su escape.

 

Desacreditar  internacionalmente al régimen

A pesar del fuerte rechazo nacional e internacional,  el gobierno venezolano sigue teniendo como salvavidas a otros regímenes totalitarios: Cuba, Bolivia, Nicaragua y Rusia entre otros,   representan rescates financieros o frenos a condenas en foros internacionales.

Sin embargo, al régimen se le acaba el oxígeno. Enmascarar presos políticos, negar la presencia de  detenciones arbitrarias  y deslegitimar las 134 muertes y más de 4.000  heridos  en protestas ciudadanas, se hace una tarea difícil de ejecutar.

En su condición de ex preso político, Ledezma ha de recorrer el mundo como caja de resonancia denunciando las arbitrariedades del régimen. Él no es un chavista arrepentido que acorralado decidió huir para salvar su pellejo, él es directamente una víctima real y mediática, cuyo trabajo en contra de la dictadura le costó su libertad, salud y familia. Quien mejor que un alcalde metropolitano depuesto injustamente como embajador internacional del cambio político en Venezuela. Es responsabilidad última de Ledezma evitar convertirse en un exiliado de lujo, ni perderse en el olvido de otros miembros de la diáspora venezolana.

No nos engañemos e ilusionemos, la libertad de Ledezma y su figura no representan  en sí mismos puntos de inflexión para la futura retirada del régimen. Si bien importante,  su puesta en libertad es sólo un componente  más en la encarnizada lucha de Venezuela por su libertad. Siendo más útil un Ledezma exiliado que otro amordazado, su libertad significa la presencia en el extranjero del opositor capturado más importante en influyente que haya logrado escapar de las manos del Maduro. En este punto radican tanto su importancia como responsabilidad.

 

Latin American Post | Santiago Builes Naranjo

Copy edited by Susana Cicchetto

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