Lo que otras ciudades no deben copiar de Medellín

Estos son los problemas que ha traído la falta de planeación urbana

Lo que otras ciudades no deben copiar de Medellín

Por años las grandes empresas del sector inmobiliario le han tratado de ganar la batalla a la naturaleza. El crecimiento acelerado hacia los bordes ha afectado significativamente el sistema hídrico de los territorios. Cada vez son más comunes las zonas declaras en riesgo de deslizamiento debido a la inestabilidad de los terrenos. Pero el problema no es solo de las constructoras, sino también de los ciudadanos. Aquellos que invaden de manera ilegal las zonas deshabitadas de las periferias son quienes al final deben padecer la fuerza con la que la naturaleza intenta reclamar lo que alguna vez le fue robado. Las consecuencias se han visto ya en varias instancias, como lo que pasó en Villatina en el 87, en el Socorro en 2008, en la Gabriela en 2010, o incluso el caso del dueño de almacenes Délascar, quien murió en su casa campestre del Poblado luego de que la tierra se lo comiera vivo.

Este fenómeno responde a las lógicas del urbanismo pasado que tenía como premisa vencer la naturaleza. No importaba cuántos arboles talar, ni qué terrenos invadir. La idea era construir a diestra y siniestra sin regulación del estado. No era una tarea difícil, ya que Medellín cuenta con expertos asesores en evasión de impuestos: repudiados lobbies del mundo inmobiliario capaces de seducir a los curadores mediante la entrega de dineros como parte de la compensación en espacio público.

La construcción en altura ha migrado a zonas relativamente lejanas. Ahora las torres son sembradas en medio de la nada y las “nuevas ciudades” que allí se construyen no tienen injerencia con la ciudad real. La oferta de servicios no ha llegado allí. No hay vías adecuadas, no hay cobertura de transporte, no hay espacio público y el panorama de seguridad adolece de voluntad política. La ambición económica de las constructoras es tal, que incluso se llegó a pensar en la destrucción del archivo histórico de Medellín para la expansión de vías en el centro y la posterior construcción de torres.

El cluster de la construcción deberá enfrentar uno de los mayores retos que se avecinan. A 2030 Medellín tendrá 800 mil personas más. ¿Seguirán los modelos de construcción permisivos que ya han cobrado vidas? El POT parece ser la salida, sin embargo, ahí están los políticos. 

Quien quiera saber lo que no se debe hacer en materia de planeación urbana debería venir a Medellín.

 

Latin American Post | Andrés Duque Guti

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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