El desafío de evitar el olvido en el posconflicto colombiano

Este proyecto, que busca representar la reparación simbólica, resucita sentimientos encontrados

El desafío de evitar el olvido en el posconflicto colombiano

El pasado 20 de noviembre se aprobó el documento del Consejo Nacional de Políticas Económica y Social (CONPES) a través del cual se designaron $71.000 COP a la construcción del Museo de Memoria Histórica en Bogotá. Este nace como parte de la Ley de Víctimas del 2011, estando a cargo del Centro de Memoria Histórica y el diseño en manos de la firma colombiana MGP Arquitectura y Urbanismo elegida a través de un concurso público.

La necesidad de crear un Museo de la Memoria parte del proceso de reparación a las víctimas y busca exponer los distintos hechos, estudios e ideas sobre el conflicto no sólo para la reparación simbólica sino además para informar e involucrar al resto de la sociedad colombiana con una realidad a la cual muchos se sienten ajenos por no haber sido directamente afectados por el mismo, de igual modo, para fortalecer el proceso de reconciliación y crear reforzar la idea de la no repetición.

Hasta ahora el trabajo del Centro de Memoria Histórica con las comunidades, los grupos de expertos y demás actores han logrado un gran avance en el planteamiento del proyecto con ejes temáticos concretos y bien direccionados. En cuanto al diseño, la idea es innovadora y coherente con los objetivos del museo. Está planeado el inicio de la obra a mediados del 2018 para su entrega final en el 2019.

A pesar del trabajo que han venido realizando los actores en pro del museo, concurren también ideas de oposición y potenciales obstáculos a la realización del proyecto; existe en la sociedad colombiana una falta de reconocimiento a la importancia de la memoria histórica como clave en el posconflicto, precisamente porque la guerra no ha afectado de la misma manera a los distintos grupos sociales. Por otro lado, muchos se oponen a la construcción del museo por no estar en principio de acuerdo con el proceso de paz que ha marcado el fin del conflicto.

Otros casos cercanos de otros museos de memoria histórica han inspirado y colaborado en la creación del proyecto en la capital colombiana, como son Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador, Museo de la Memoria de Rosario en Argentina, Memorial Da Resistencia, Sao Paulo en Brasil, entre otros, que de igual manera han surgido con la finalidad de dignificar a las víctimas y de crear una consciencia social sobre la tragedia vivida para la no repetición.

Estos proyectos también enfrentaron dificultades como fue en el caso chileno, donde los opositores que eran simpatizantes de la dictadura de Pinochet criticaban al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos por mostrar una verdad a medias, afirmando que no se brindaba una contextualización de lo sucedido. Sin embargo, el proyecto siguió adelante y su respuesta a estas acusaciones manifestaban a que contextualizar los hechos significaría justificar las violaciones.

En el caso colombiano, una gran parte ha sido lograda gracias al esfuerzo de los actores detrás del proyecto y al apoyo del gobierno, no obstante, podría aún verse frenada en un futuro si en las próximas elecciones presidenciales del 2018 la nueva administración no brinda el mismo respaldo y promueva ideas que puedan cambiar el rumbo de esta ardua y necesaria labor.

El progreso alcanzado brinda mayor seguridad a la realización del proyecto, pese a su indudable relevancia y el gran impacto social que simboliza en el posconflicto, persiste aún el desafío colectivo de defender e impulsar la aceptación por una gran parte de la sociedad permeada por la indiferencia, la confusión y hasta la oposición.

 

Latin American Post | Andrea Daza

Coy edited by Susana Cicchetto

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