América Latina: ¿política del odio?

En países como Brasil y Colombia, un discurso de discriminación de género ha llegado al centro de la política

América Latina: ¿política del odio?

El fantasma ahora no sólo recorre Europa, sino también América. Todas las fuerzas de la vieja América se han unido para acosar a este fantasma, porque en efecto, le temen. ¿Qué partido no ha sido acusado de “enemigo de la familia” por parte de quienes están en el poder? ¿Qué partido no ha utilizado la palabra “ideología de género” como insulto?

El temor es tan grande que la visita de Judith Butler, la filósofa y teórica de género estadounidense, a Brasil generó una oleada de acciones colectivas para bloquear su presentación en un panel que pretendía discutir, precisa e irónicamente, el final de la democracia. Las acciones iban desde la recolección de firmas, hasta la quema de un muñeco cuyo rostro consistía en una foto de Butler, con el mensaje “Queimem a bruxa!” (quemen a la bruja). Un grupo de 70 personas esperó su llegada a la Universidad de Sao Paulo para insultarla. En el aeropuerto de Congonhas una mujer la persiguió mientras le gritaba “vergüenza”, “bruja”, “enemiga”. Si bien Butler, en un gesto de generosidad, quiso restarle importancia al asunto, las señales que se levantan en Brasil son las mismas que detectamos a lo largo del continente.

En Colombia, en efecto, la cuestión de la ideología de  género y la destrucción de la familia están a la orden del día. El 2 de octubre del 2016, durante el Plebiscito de Refrendación de los Acuerdos de Paz de La Habana, la agenda pública no se centraba en discutir la participación política de los excombatientes. En cambio, uno de los temas en cuestión era cómo los acuerdos buscaban destruir la noción tradicional de familia, y cómo el gobierno quería promover la homosexualidad entre los niños y adolescentes.

Para la campaña por el NO, los acuerdos buscaban difundir en las instituciones educativas la ideología de género, con el peligro de que los hijos de todas las familias podrían terminar convirtiéndose al homosexualismo. Esta medida fue arrasadora, pues la indignación y la cuestión de género son como caras de una misma moneda. El miedo que convoca la noción de ideología de género es un motor que mueve colectividades como ninguna idea de reivindicación democrática contemporánea.  

Los Acuerdos de la Habana, si bien reconocían las diferencias de las violencias que han sufrido grupos debido a su identidad sexual, en ningún momento proponían los descabellados cambios señalados por la campaña del No. A Butler la acusaban de justificar la violación de los niños. Sin embargo, la cuestión de la verdad, en ambos casos, es completamente secundaria. Tanto la campaña contra Butler como la campaña por el No se dedicaron a encender la indignación a través de mensajes efectivos y completamente falsos. 

El 2018 es un año definitivo para Colombia. Las elecciones para la presidencia tendrán como protagonista a las tergiversaciones en nombre de la teoría de género. Dos de los candidatos que están en contra del proceso de paz, a su vez afirman que los candidatos que lo defienden quieren destruir a la familia. El lema de uno  de ellos es la “defensa de la vida y la familia”, lo que esconde claramente un ataque a la diversidad sexual.

En Brasil, un grupo de 18 parlamentarios tiene la potestad de decidir si el aborto se convierte en ilegal en todos los casos. Brasil es uno de los países con las tasas de violación más altas del mundo. Como vemos, al poner al problema del género en el centro de la cuestión política, se hace claro cómo están tejidas las instituciones.

El año que viene tendremos un panorama en el que el fantasma del género estará en el centro del debate y de la mentira. Esto le dará forma a las campañas políticas. Hay mucho en juego y se deben buscar modelos de análisis para comprender el miedo que despierta el fantasma del género, modelos que permitan enfrentar ese miedo.

 

Latin American Post | Ariel Camilo González

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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